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Órgano Oficial de la Red Argentina de Valoración y Gestión Patrimonial de Cementerios y de la Red Iberoamericana e Internacional de Valoración y Gestión de Cementerios Patrimoniales |
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IMágenes y comentarios sobre el VII ENCUENTRO IBEROAMERICANO DE VALORACIöN Y GESTIÓN DE CEMENTERIOS PATRIMONIALES Y III JORNADAS NACIONALES DE PATRIMONIO SIMBÓLICO EN CEMENTERIOS
30 y 31 de octubre y 1 y 2 de noviembre de 2006 BIBLIOTECA NACIONAL / Ciudad Autónoma de Buenos Aires Los aviones levantaron vuelo, los autos y los ómnibus rodaron por las carreteras, guardamos los pañuelos y nos pusimos a recordar. ¡Tantas vivencias, tantas experiencias compartidas, tanto calor humano, tantas reflexiones y nuevos proyectos! No es fácil sintetizarlos pues fueron muchas las observaciones y comentarios que nos hicieron llegar los participantes de este nuevo Encuentro. Abrimos, entonces, este álbum en el que colocaremos las primeras fotos, a la espera de que ustedes agreguen las suyas. Un abrazo sin fronteras: fue el del encuentro entre los participantes de las diferentes regiones de nuestro país, con los representantes de las diversas naciones de América Latina y de la Asociación de Cementerios Europeos. Todo esto fue posible gracias a la generosidad del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, a su Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural y a la Biblioteca Nacional.
Habla Catalina Velásquez: Presidenta de la Red Iberoamericana. A su der.: Ministra de Cultura de Bs. As. Arq. Silvia Fajre; Director de la Biblioteca Nacional: Horacio González y Representantes de la Red de Chile, Perú y México Una participación solidaria: se logró por la colaboración de los ponentes, para agilizar el desarrollo de las presentaciones, aceptando la sugerencia de la Convocatoria. Este fue uno de los aspectos más valorados por los participantes ya que, a pesar del gran número de trabajos presentados, se respetaron los tiempos y las exposiciones fueron fluidas y amenas. Un tema candente: retomado de los Encuentros anteriores sobre qué es lo Patrimonial en los Cementerios. Pudimos observar en varias exposiciones que las investigaciones no se centraron exclusivamente en los aspectos artísticos y monumentales sino que se incluyeron otros elementos que aluden a la identidad de la comunidad en su conjunto, más allá de su posición social y económica. Una inspiración sin fin: quedó demostrada por la variedad, originalidad y riqueza de los temas presentados que manifiestan la creatividad del ser humano, en la construcción de su Historia, impresa vivamente en sus ciudades de muertos.
Un momento emocionante: fue cuando la Presidenta de la Red, Catalina Velásquez Parra, pidió un aplauso para los trabajadores del Cementerio de la Chacarita que vinieron a contarnos sus experiencias y toda la Sala se puso de pie para ovacionarlos.
Trabajadores de la Chacarita con representantes de la Red
Un ejemplo a seguir: nos trajo el Equipo de Rosario, con Memorabilia, fruto de la tarea conjunta de funcionarios, artistas y técnicos que convocó a la comunidad para construir un espacio para la memoria.
Equipo de Rosario: funcionarios, artistas y Arminda Jolley y Silvia Lahitte, Representante de la Red Leticia Maronese Una lucha victoriosa: fue la que emprendió un grupo de Baradero, provincia de Buenos Aires, para la recuperación de su cementerio indígena. A través del relato y las imágenes que nos mostraron, pudimos seguir, paso a paso, la difícil gestión realizada. Un modelo de rescate de la memoria: la conmovedora película El último confín, doloroso registro de una etapa de la Historia Argentina que aún no se cerró. Fue muy esclarecedora la charla posterior con el director de la película y una integrante del Equipo Argentino de Antropología Forense. Una biblioteca que se expande: se hizo visible en el espacio destinado a presentar publicaciones sobre los temas que nos convocan, y que nos sorprendieron por su calidad y cantidad. Una invitación significativa: fue la que nos hicieron los queridos amigos de la AMIA, para visitar los Cementerios de la Tablada y Liniers, brindándonos la posibilidad de conocer los signos y los símbolos de su identidad e historia. Una recepción amistosa: nos hicieron en el Cementerio de la Chacarita que quedó registrada en la foto grupal, bajo la mirada sonriente de Carlitos Gardel.
Visitamos la tumba de Carlos Gardel Un cumpleaños feliz: el festejo del 6º aniversario de la publicación de nuestra revista Adiós, órgano oficial de la Red Iberoamericana de Valoración y Gestión de Cementerios Patrimoniales. Una renovación de autoridades: la designación de Luis Repetto Málaga, como nuevo Presidente de la Red Iberoamericana de Valoración y Gestión de Cementerios Patrimoniales, Juan Luis Isaza Londoño como Secretario y Fabio Rincón Cardona como Coordinador General. Un cierre con mate y todo: en el que estuvieron presentes autoridades, locales y visitantes, no para despedirnos sino para volver a encontrarnos y cebar el mate, dentro de un año, en Chile. Cristina Falcón y Mercedes Falcón Buenos Aires, noviembre de 2006
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El velorio del angelito por Mercedes Falcón
Cuando muere un angelito, en la tierra santiagueña no se llora, se baila. Las lágrimas podrían mojar sus alitas e impedirle volar hacia las alturas. Porque es la creencia criolla que un niño que muere en la primera infancia y fue bautizado, es un angelito que va derecho al cielo y si no lo hicieron cristiano, al limbo. Se tapa la parte interior del techo del rancho con una sábana blanca cubierta de estrellitas de papel plateado o dorado, se encienden velas y se adorna la habitación con flores naturales o artificiales de colores. Se coloca el ataúd sobre una mesa cubierta con un mantel muy blanco, y se le adosan cintas y piolines para que los visitantes hagan nudos. Cada nudo le recordará al almita, en su viaje al cielo, la oración que le encargó quien hizo el nudo.
Y después de los saludos y pedidos, se festeja su partida con un baile. Los movimientos y el ritmo de las danzas le dan alas al angelito y lo acompañan en su vuelo. Se bailan chacareras, gatos y zambas, acompañadas por el bombo, violines y guitarras y se comen pastelitos y tortas fritas. El mate, el café con caña y los vasos de aguardiente de algarroba no dejan de circular y, en muchos casos, la celebración dura varios días. Al amanecer, después de una o varias jornadas de vigilia, los padrinos son los que cierran el baile final, como signo de despedida a su ahijadito. Luego se escuchan los cantos acompañados por los repiqueteos del bombo y la caja:
Foto de angelito en Santiago del Estero Del tronco nació la rama de la rama el arbolito. ¡Cómo lo hay d’estar sentiendo la madre de este angelito!
Madrecita de mi vida, no llores ni tengas penas, se va tu hijito querido salido de sus cadenas.
Dios se lo pague, mi madre, Dios se lo ha de pagar, por la leche que le ha dado con tan fina voluntad.
Angelito de la gloria llevás un ramo de pata, en el cielo y en la gloria has de rogar por tu tata.
Angelito de la gloria llorarás gotas de vino en el cielo y en la gloria, rogarás por tus padrinos.
Angelito de la gloria rogarás por tus hermanos, llevás un ramo en la frente, rogarás por tus parientes. Se inicia, entonces, la marcha del cortejo fúnebre y la ceremonia concluye con el entierro. Las visitas a las tumbas de los angelitos se hacen los sábados; en ellas se alumbran velas, se llevan flores y se reza. A veces, se contrata a una rezadora para que realice el oficio funerario. Las cruces de las tumbas de los angelitos deben estar orientadas hacia el oeste para diferenciarlas de las de los adultos que miran hacia el este. Este conmovedor rito funerario sobrevive en la provincia de Santiago del Estero del noroeste argentino, aunque en la actualidad parece que se va perdiendo y algunos dicen que es por la falta de rezadoras que son las que dirigen los cantos y los ruegos.
El velorio 'el angelito Florencio Molina Campos (Argentina, 1931) Ricardo Rojas, el gran escritor argentino, nacido en Tucumán y criado en Santiago del Estero, lo describe así: Los angelitos son los niños que mueren, y cuyas almas, puras, vuelan a la gloria. Agradecimiento tan fausto produce una angustia mezclada de gozo en el hogar. Las alas del angelito, para emprender su vuelo, necesitan de bailes y alabanzas. Si no - ¡pobrecito!- quizás bogará en pena bajo los árboles, y acaso algunas noches, aterido de frío y atormentado de abandono, se viniese a gemir junto a la quincha del rancho familiar. Para evitar ese peligro impío y ulteriores desgracias toman el pequeño cadáver, lo envuelven en lienzos, lo aderezan de flores, y puesto el féretro sobre una mesa, alumbrada de velas, danzas y beben en religioso serrano. Al amanecer el baile se suspende y los músicos dicen su letanía. (El País de la Selva, Velorio del angelito, Editorial Guillermo Kraft Ltda, Bs As, 1946, pág. 72). Cuando muere el angelito Chacarera de Inchausti y Ferreira
Ay, ay, ay, ayayaitay...
Cuando muere el angelito
quiere ayudarme a olvidar
le cantan las alabanzas
Angelitos chilenos Con diversos matices, esta tradición popular se practica también en otras provincias argentinas, en Chile y en Uruguay. Y también en campos y poblados de Venezuela y México, es costumbre velar la muerte de un niño con música y cantos. La pérdida se convierte en alegría, pues es un angelito que va al cielo a rogar por sus padres y familiares. En los campos chilenos, durante el velorio del angelito se reza el rosario, se quema incienso y se entonan las coplas llamadas cánticos de los angelitos:
¡Qué glorioso el
angelito,
que se va para los
cielos
¡Qué glorioso el
angelito,
Velorio de angelito, ca. 1970 Enciclopedia del folclore de Chile
Una sola vela arde en una mesa cubierta de flores blancas. Es la mesa de los santos y en ella reposa el difuntito. Se lo viste con una túnica blanca (que se llama túnica si es para una nena y túnico si es para un varón) y se le colocan unas alitas de cartón forradas en papel plateado o dorado, igual al de la coronita de su frente. El angelito puede estar acostado o sentado, con las manos juntas, entre las que sostiene un ramito de flores blancas. La cena de medianoche se acompaña con una bebida alcohólica, el gloriao, pues el angelito está glorioso, se va a la gloria. Los asistentes beben y brindan con el saludo ritual. ¡Que sea en buena hora! ¡Que sea en buena hora!
Velorio
del angelito de
Violeta Parra El
velorio del Angelito
de Arturo Gordon
El narrador chileno Baldomero Lillo (1867-1923) cuenta que en algunas partes del sur de Chile, los padres entregaban a sus angelitos a los dueños de las cantinas que se convertían en verdaderos empresarios de pompas fúnebres. Destinaban una habitación de su local para la capilla ardiente y suministraban la bebida, comidas, música y el canto para que todos celebraran. Los padres del angelito tenían ciertas prerrogativas como beber sin pagar. Cuenta Lillo: Al atardecer de un día de diciembre, cálido y luminoso, la casa de El Chispa rebosaba de gente: celebrábase con gran pompa el velorio de un angelito. En la pieza contigua al negocio, sobre una mesa cubierta con profusión de flores de papel, y alumbrado por cuatro velas de sebo sujetas al gollete de otras tantas botellas vacías, estaba extendido el cadáver de un niño de dos años. Tenía las manos cruzadas sobre el pecho, encima de la blanca mortaja, adornada con cuentas de vidrio, cintas y dibujos hechos con finas hojas de papel metálico llamado esmalte. Aunque la tela por el prolongado uso ostentaba un tinte amarillento, la funeraria prenda era el orgullo de El Chispa y la admiración de todos por la verdad y riqueza de sus ornamentos. Y agrega, más adelante: Así como los angelitos se arrendaban, eran prestados también, para tener motivo de fiesta. De la casa de los padres pasaba a la del padrino, y hasta a la de algún pariente cercano. (Relatos Populares, El angelito, Santiago, Nascimento, 1942) Este rito popular fue también llevado al cine, en 1967, en el film Largo viaje de Patricio Kaulen y Javier Rojas. Relata la historia de un niño de ocho años, cuyo hermanito muere al nacer. En el velorio se pierde una de las alitas de ángel que le han puesto para su viaje al cielo. El protagonista inicia un largo viaje a través de las calles de Santiago, para recuperar el ala del angelito. La película obtuvo el Premio Extraordinario del Festival de Cine Karlovy Vary en 1968 y el Gran Premio de filmes reencontrados sobre el tema de la Tolerancia, en 1995, organizado por la UNESCO, París, Francia. Angelitos mexicanos En México se celebra el mismo rito, con algunas variables. Se amortaja al angelito con un atuendo celestial: a las niñas las visten como la Virgen María y a los niños como San José. Les pintan chapitas y ponen dentro de su ataúd sus juguetes favoritos. Los asistentes no lloran para no quitarle la gloria a su angelito. Esta costumbre popular de vestir a los niños muertos como santos, puede verse en el retrato en el retrato de Leona Julia de Jesús López del siglo XIX y en el más reciente hecho por Frida Kahlo: donde el angelito está vestido como un San José con una estampa del Señor de la Columna.
Leona Julia de Jesús López Anónimo.1847 El difunto Dimas Rosas a los 3 años de edad Óleo sobre lámina 44 x 59 cm Frida Kahlo. 1937
Cuenta Elena Poniatowska: con el invento de la fotografía, personas como Juan de Dios Machain retrataron velorios de niños, especialmente en Oaxaca. La costumbre permanece sobre todo entre la gente del campo. Colocan a su criatura inerte en una cama de flores y la coronan con azahares. La visten de satín blanco. Aunque parezca extraño, son fotos de álbum de familia. El niño difunto es el celebrado, aunque ya no forme parte de este mundo. El pintor David Alfaro Siqueiros narra en sus memorias cómo alguien lo tomó por fotógrafo: "¡Señor fotógrafo, señor fotógrafo, venga usted conmigo! Mi papá quiere que usted retrate a mi hermanita que se murió ayer, porque mañana temprano tienen que enterrarla". David Alfaro Siqueiros habría de pintar más tarde el Retrato de niña viva y de niña muerta. Los dos retratos de angelitos que encabezan esta nota son del siglo XIX e ilustran igualmente esta tradición. Los cuadros son de pequeño formato y generalmente están pintados sobre láminas de cobre o de zinc, aunque hay sobre tela y también como miniaturas de marfil. Son realizados, generalmente, por pintores populares anónimos. En el siglo XX, grandes pintores mexicanos se ocuparon de este tema como es el caso que ya comentamos de David Alfaro Sequeiros,1931; Jesús Chucho Reyes Ferreira: El niño que se murió; Juan Soriano: La niña muerta, 1938; Olga Costa: Niño muerto, 1944 Gabriel Fernández Ledesma: Coloquio de la niña y la muerte, 1959.
Angelitos caribeños / El Baquiní Baquiní es una palabra de origen africano con la que se nombra el velorio del angelito que es también una tradición rural de los países del Caribe: Republica Dominicana, Cuba y Puerto Rico. Aquí también, cuando un angelito parte, su entrada al cielo es inmediata pues se trata de un almita pura, y las manifestaciones de dolor son reemplazadas por cantos, danzas y juegos. Entre los dominicanos, la costumbre de mecer al niño y de entonarle una canción de cuna antes de dormir se prolonga en la celebración del baquiní, en el que cantan himnos acompañados de acordeón y tambores. La Salve una de las expresiones más extendidas de la música popular dominicana, es parte fundamental de la cultura religiosa popular, fusión entre lo hispánico y lo africano. La repetición verbal y musical dota a esta música de una fuerza particular que expresa el alto contenido emocional y festivo del baquiní. Canción de Baquiní Adiós, angelito, adiós te vas para no volver.
No lo llores, madre, Cojan a esa niña no lo llores más pónganla en el suelo le mojas las alas, para que su madre no puede volar. tenga algún consuelo.
Cojan a esa niña Cojan a esa niña vístanla de blanco vístanla de azul, para que su madre para que la metan tenga algún descanso. en el ataúd.
Adiós, angelito, adiós te vas para no volver. También hay bebida y bailes: en el baquiní se bailan varias danzas. Se coloca al difuntito sobre una mesa y se ponen sillas alrededor de la mesa para los asistentes.
El Velorio Francisco Oller y Cestero (Puerto Rico)
El Bunde y el Chigualo En Colombia, se llama bunde al velorio de un niño menor de siete años. En él se canta, se juega, se baila y se consume aguardiente; es decir, se bundea al niño durante la noche que sigue a su muerte. Los bundes son cantos alegres que se ejecutan con un solista y un coro; se acompañan con un instrumento de percusión: bombo o tambora. El chigualo es el nombre que recibe este rito en Ecuador y en casi toda la región centro-sur de la costa del Pacífico. Durante la noche no se reza por el niño muerto, sino que se baila el chigualo y se le cantan al niñito arrullos o salves, acompañados por bombo, cununo, guasa y marimba. Las mujeres forman un semicírculo alrededor de la mesa donde está el angelito; cantan y van creando nuevas coplas. La madre del niño acompaña el acto sin participar en el semicírculo; la madrina es la encargada de bailarle al niño y en algunos lugares interviene el padrino y danza con ella. Este rito dura toda la noche y es acompañado por abundantes bebidas. Al día siguiente llevan al niño al cementerio; la procesión es acompañada por cantos que expresan la alegría de saber que la familia tiene un intercesor ante Dios, un nuevo miembro en el coro de los ángeles. Al niño no se le rezan novenas pues su alma no está penando.
Entierro de un angelito
Angelitos españoles / El Aurora En la península ibérica al niño también se lo llama angelito. El velorio de un angelito se ha encontrado principalmente en el sur, en las provincias del Mediterráneo, Extremadura y en las Islas Canarias. En Valencia, Alicante y Murcia, este ritual se conoce con el nombre de aurora. En un aurora, el cuerpito se envolvía en un velo de gasa adornado con hilos de plata, y la madre lo maquillaba con rubor en las mejillas y labios para simular la vida. El angelito reposaba en un ataúd lleno de flores blancas colocado sobre la mesa del comedor que habla sido previamente cubierta con una sábana y un cubrecama. Al anochecer llegaban los amigos y parientes con guitarras y castañuelas. Se iluminaba el frente de la vivienda para recibir a todos los asistentes. Los miembros más jóvenes de la comunidad formaban un círculo amplio y empezaban a cantar y bailar con el acompañamiento de los instrumentos. La celebración continuaba hasta el amanecer. Alrededor del año 1860, el famoso grabador e ilustrador francés Gustave Doré hizo un viaje por España con su amigo el conde Charles Davilliar y presenciaron un Aurora en Alicante. Doré publicó, en su libro sobre el viaje, un dibujo de la escena. Puede verse en él que hay una vela en cada una de las esquinas de la mesa y que dos de los visitantes están bailando el baile de angelito. La danza es la jota con acompañamiento de guitarra, bandurria, canto y palmas.
Grabado de Gustavo Doré
Angelitos isleños / La vela del angelito
En la isla de La Gomera, Canarias Occidentales, el ritual se llamaba La Vela del Angelito. Las mujeres lavaban el piso de la sala donde reposaba el difuntito y lo secaban con mucho cuidado para que no quedara una sola gota de agua que pudiera perjudicar su vuelo. Luego se danzaba el baile del tambor o tajaraste: la madrina daba una vuelta a la habitación bailando con el niño en brazos, luego se lo pasaba al padrino para la segunda vuelta y así sucesivamente, seguían los demás asistentes. Finalizado el baile colocaban al angelito sobre una mesa y, mientras celebraban con vino y aguardiente y le cantaban versos alusivos, los familiares, padrinos y vecinos se le iban acercando para rezarle, hacerle sus pedidos o para enviar mensajes a los seres queridos que ya habían muerto. Cada uno le dejaba prendida una cinta de color o una flor para que no se olvidara de su recado. Esto se prolongaba a lo largo de toda la noche. A la mañana siguiente, camino al cementerio, el padre iba al frente del cortejo seguido por los hombres, y luego las mujeres. Los niños no participaban en los cortejos fúnebres. El ataúd iba abierto y el angelito todo cubierto de flores. Al paso de la procesión, algunos de los que no habían asistido al velorio, se acercaban con sus pedidos y cintas y las colocaban sobre el cuerpo del angelito. A lo largo del camino, se podían oír los cantos con que lo acompañaban en su último recorrido por la tierra, antes de iniciar su vuelo:
Agua menudita llueve como corren los canales; ábreme las puertas, cielo, que soy aquél que tú sabes.
Retratos que encabezan esta nota * Marquitos González (1893) atribuido a Gerónimo de León. Óleo sobre lámina de zinc 18 x 13 cm *Elena Madrigal (1875) atribuído a Miguel Espinosa. Óleo sobre lámina de zinc 18 x 13 cm
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GUILLERMO DE LA PARRA LOYA, carta sobre su propia muerte
Guillermo de la Parra Loya, escritor mexicano* y fundador de la Editorial Vid que publica fundamentalmente historietas, falleció 5 de julio de 2006, a los ochenta y cinco años y dejó indicaciones precisas para después de su muerte. Me dio a corregir la carta para que el día que se muriera, la publicáramos y se la enviáramos a cada uno de sus amigos y parientes, cuenta Manelick de la Parra, su primogénito. La carta fue publicada en el diario Reforma, el mismo día de su fallecimiento.
Carta
Me permito informarles que el día de hoy, 5 de julio de 2006, me morí o sea que emprendí el viaje más largo de mi vida pues éste no incluye retorno. De acuerdo a las instrucciones que dejé a mis hijos, para este momento en que ya me debí de haber puesto parejo con Dios y con el certificado de defunción en la mano, estaré siendo velado en la capilla de mi domicilio particular “La casa de las columnas”, en Cuernavaca, Morelos. Yo espero que de acuerdo a mis instrucciones, los asistentes estén gozando de algún tentempié y bebidas a discreción. Después del molesto crematorio, mis cenizas deberán ser llevadas por mis hijos a la hacienda de “El Mortero”, en el municipio de Súchil, en el Estado de Durango y esparcidas al pie de los cinco cipreses, ya previamente señalados, que están frente a la iglesia de la casa grande. Al redoble de trompetas, tambores, fanfarrias, ladridos de perros y gritos de la chiquillería, la comitiva se dirigirá al kiosco de “El Nuevo Mortero”, donde empezará el reventón. Todos los habitantes del pueblo que son mis amigos serán los invitados de honor Habrá (supongo) alguno que otro discursillo, incluida la bendición del cura, lagrimillas, tacos, quesadillas, tortas, pambazos, harta comida y bebidas a tutiplé, cervezas, cubas, tequilas, rones, vinos españoles y franceses, refrescos y aguas de sandía y jícama. Como se lo recomendé a mis hijos, no quiero caras tristes; al contrario alegres como fue mi vida y que digan chistes y cuenten mentiras graciosas y me recuerden con ternura. Para el momento en que ustedes estén leyendo este mensaje, yo me habré reunido con mi mujer “Flacus”* ¡Ojalá me reconozca! Vaya para mis hijos nietos hermanos parientes y tantos amigos mi agradecimiento por haberlos tenido. Una última advertencia: si mis hijos se vieran en la imposibilidad de llevar mis cenizas a “El Mortero” entonces que hagan con ellas lo que les dé la gana. Atentamente, Guillermo de la Parra Loya
PD: Para estas ceremonias, solicito traje rigurosamente informal o ranchero y que por favor no envíen flores
Una vida de historieta * El escritor siempre hizo gala de un humor negro y mordaz. De niño, por travieso, lo apodaban Memín Pinguín, sobrenombre que usó su esposa Yolanda Vargas Dulché para bautizar a su personaje de historietas más famoso. De joven, De la Parra llegó al Distrito Federal a trabajar de extra durante la época de oro del cine mexicano. Un oficio en el que –según cuenta su hijo- conoció a Fidel Castro que fue su compañero en una filmación.
Novela de Guillermo de la Parra
**Su mujer, Yolanda Vargas Dulché, con quien tuvo cinco hijos: Iddar, Emoe, Cristal, Tonathiu y Manelick, falleció el 8 de agosto de 1999. Fue la creadora de la historieta Memín Pinguin que llegó a ser muy popular en México. En algunos carnavales desfilaron carros alegóricos con su figura y en temporada navideña se rompían piñatas en forma de Memín. La historieta comenzó a aparecer en 1943 en la sección "Almas de niños", que escribía Yolanda, en la revista Pepín. La escritora acababa de regresar de La Habana, donde había trabajado como cantante de radio, y estaba fascinada por los niños negros. Por eso incluyó a un negrito en su historieta y, después de desechar nombre tras nombre, decidió llamarlo Memín Pinguín, tal como apodaban a Guillermo de la Parra, quien por entonces era su novio. Lo de Pinguín venía por pingo, una forma de decir diablo o demonio, alguien sumamente travieso. Yolanda Vargas Dulché se casó con Guillermo de la Parra y durante varios años, ambos escribieron historietas para diversos editores, hasta que, en febrero de 1964, Memín reapareció en su propia revista semanal.
Estampillas
*** Estampillas: El 28 de Octubre del 2005, apareció Memin en cinco estampillas, que se vendieron en diversos lugares del mundo, como parte de la serie La caricatura en México. El personaje creado por Alberto Cabrera en 1943, a petición de la escritora Yolanda Vargas Dulché, creadora intelectual de ese negrito que -en la década de los ’70- tomó su imagen actual, lograda por Sixto Valencia. Al cumplir Memin 62 años de vida, el Gobierno Mexicano hizo una emisión de 750.000 estampillas en su homenaje.
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