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LA
SEPULTURA DEL CACIQUE PANGUITRHRUZ NURU
por
Máximo Ayora
Ciento
veintitrés años fuera de su sepultura. Su cráneo exhibido en la
vitrina de un Museo. El cacique Panguithruz oriundo de Mamuel Mapu, la
zona del monte, fue enterrado
en Leubucó (La Pampa), el 26 de Agosto de 1887. La barbarie de unos
huincas (cristianos) interrumpió su descanso.
El
cacique Paguithruz nació, vivió y murió en su tierra; fue querido y
respetado por los suyos y por muchos de sus enemigos. Cuando tenía
nueve años, estaba junto a otros compañeros cuidando la caballada en
la laguna de Langheló, mientras esperaban el regreso del malón
encabezado por su padre, el cacique Painé, sobre el pueblo de Rojas
en la provincia de Buenos Aires y una partida militar los tomó
prisioneros. Cerca de un año estuvieron presos y engrillados. Un día
los llevaron ante Juan Manuel de Rosas, quién supo que Paguithruz era
hijo de un cacique de nombradía. Lo hizo bautizar con el nombre
Mariano, le dio su apellido y lo mandó con los otros compañeros a
trabajar de peón en su estancia Los
Pinos. Paguithruz tomó el nombre Mariano Rosas y lo adoptó como
propio, durante el resto de su vida.
Seis
años después, Mariano se fugó de la estancia Los Pinos,
aprovechando la relativa libertad de movimiento que gozaba entre los
peones de su patrón y padrino. La vida en la estancia era dura, sin
embargo el cacique ranquel conservó buenos recuerdos de los
conocimientos y la experiencia adquirida en esa etapa. Allí, completó
su aprendizaje en las actividades pecuarias, habilidad altamente
valorada en el mundo indígena. Durante los años vividos en la
estancia había aprendido muy bien la lengua castellana y las
costumbres de los cristianos pero esto no impidió que, al regresar a
su territorio, recuperara la forma de vida de los suyos y su lengua
nativa.
Mariano
siempre guardó un gran afecto y respeto por su padrino; en una ocasión
el General le mandó un presente y una carta, recriminándolo por
haberse escapado e invitándolo a visitarlo. Paguithruz consultó con
las Mujeres Sabias y supo que el regreso a aquellas tierras traería
muchas desgracias a su pueblo. Juró entonces no pisar, nunca, tierra
dominada por los blancos y mantuvo esta promesa durante toda su vida.
Gobernó
desde 1858 a 1877. Desde su asunción como cacique, los
gobiernos enviaban frecuentes emisarios al territorio ranquel, algunas
veces para negociar, otras para reprimir.
En
el verano de 1874 se desató entre los indios una epidemia de viruela
que debilitó sus fuerzas. El Gobierno Nacional les ofreció nuevas
tierras para que se instalaran, pero Mariano rechazó
la oferta: sabía que de ese modo, arriesgaba la pérdida definitiva
de sus tierras. Paguithruz murió de muerte natural, así
lo anunció el periódico La
América del Sur, el 26 de agosto de 1877:
"Las
exequias que los Ranqueles han hecho al cacique Mariano Rosas, muerto
hace unos días han sido verdaderamente regias. El cuerpo de Mariano
ha estado expuesto a la puerta de su toldo por espacio de veinticuatro
horas y lo rodeaban más de doscientas mujeres que lloraban como las
antiguas plañideras. Todos los objetos de que se servía en vida,
estaban a su cabecera, es decir el apero, lazo, boleadoras, etc.
A
las veinticuatro horas después de haber dejado de existir fue llevado
a su última morada, acompañándolo todos los indios de Ramón, de
Caiomuta, de Epúmer y Baigorria [Baigorrita]. Las mujeres lloronas,
seguían las angarillas, en que iba conducido por cuatro mocetones.
Llegado que hubo el cortejo al sitio donde debía ser sepultado el cadáver,
varios cautivos e
indios
procedieron a abrir un gran hoyo. Mientras unos hacían esta operación,
otros degollaban tres de sus mejores caballos del finado y una yegua
gorda. Después de haber concluido de abrir el hoyo, se hicieron las
ceremonias de estilo. En la fosa se sepultaron los caballos, la yegua,
varias prendas del finado, etc., para que pudiera emprender el largo
viaje con felicidad.
Encima de todo se puso el
cuerpo de Mariano, y los primeros que echaron tierra sobre su cadáver,
fueron los capitanejos. En ese mismo lugar han pasado dos días, las
mujeres llorando, y los hombres desechando penas, es decir emborrachándose.
He aquí como cumplen
sus últimos deberes los
hijos de la Pampa."
En
1878, el Estado Argentino sin respetar el Tratado
de Paz del 28 de julio de ese año, ni el Art. 65 inciso 17 de la
Constitución, preparó el Ejército de Ocupación y solicitó al
Congreso la autorización para llevar la frontera hasta el Río Negro.
Las
fuerzas de la Tercera División Expedicionaria al Desierto invadió el
territorio ranquel. El coronel Eduardo Racedo, jefe de la expedición
ordenó profanar la tumba de Mariano. El cráneo del cacique fue
retirado y enviado a Estanislao Cevallos quien, poco después lo donó
al Museo de Ciencias Naturales
de La Plata.
El
Consejo de Lonkos y los descendientes del Cacique, reclamaron durante
quince años la restitución de los restos de Mariano a Leubucó.
El
sábado 23 de Junio de 2001, fueron restituidos en el Museo
de la Plata, los restos de Panguithruz
Nuru, el Zorro Cazador de Leones, Gran Lonko Che de la Nación
Mamulche.
Asistieron,
a la ceremonia, 18 lonkos de comunidades rankulches y delegaciones
mapuche, toba y otros pueblos. Los restos del Lonko Che fueron
cubiertos por una bandera mamulche roja, verde y azul: la sangre de
los caídos, el cielo y el campo donde habitaron los antepasados.
Una
descendiente del cacique dijo: “Nuestra tierra ha vuelto a abrir un
hoyo para que sus restos descansen en paz”. Otro integrante de la
familia ranquel agregó: "se han ablandado los corazones duros.
Espero que este gesto sirva para que la sociedad despierte".
Sus
restos serán sepultados definitivamente en Leubucó. ¡Gloria al
Cacique Panguithruz!
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Rogelio
era un tipo raro
por
Antonio Pereira
Asesor de Seguros y Servicios
Financieros
A
Rogelio lo conocí a principios de los años 90. En aquella época en
mi oficina de seguros generales comenzamos a trabajar con un servicio
relativamente nuevo en la Argentina como es el de consultoría en Planificación
Financiera Personal. Fue a raíz de ese nuevo servicio que lo
conocí.
Estaba
interesado en planes que combinaran un seguro de vida con algún tipo
de ahorro con capitalización. Esos planes se conocían en el país a
través de compañías que operaban Off-shore (fuera del país).
Debido a ello y a que la ley prohíbe contratar un seguro de vida en
el exterior, convinimos en tomar un Seguro de vida con una
acreditada compañía de nuestro país y un plan de ahorro y
capitalización. Cabe aclarar que pocos años después una de las
más importantes compañías en seguros de vida con capitalización se
instaló en nuestro país con éxito significativo (en la actualidad
controla más del 30% del mercado).
Con
Rogelio nos seguimos viendo, él cambió de compañía y tomó también
un plan para asegurar los estudios de su primer nieto que acababa de
nacer. Él vivía en San Fernando en una casa que había ayudado a
construir a fines de los ‘50. Un
día de noviembre de 1998 me llamó a la oficina y me pidió que lo
fuera a ver a su casa. Con cierta intriga fui esa noche a verlo y
dispuesto a escucharlo.
¿Por
qué digo que era un tipo raro?
Cuando
me vino a ver por primera vez sabía muy bien lo que quería: un
seguro de vida; algo que nuestra cultura
todavía no había aceptado (los argentinos somos eternos).
Muy
rápido incorporó la idea de invertir sus ahorros, para mejorar su
jubilación, fuera de lo que eran los circuitos tradicionales que
ofrecían los bancos (¡qué visionario!).
Por
lo general, en nuestra profesión de asesores, nuestro trabajo
consiste en hacer ver a nuestros clientes necesidades que ellos, por
sus propias ocupaciones, no logran discernir; y, a partir de ese
momento, buscar que compañías pueden cubrirlas. Pero,
para mí, en el momento de la llamada, Rogelio ya tenía todas sus
necesidades cubiertas.
Todas
sus propiedades estaban cubiertas por los distintos riesgos a los que
estaban sujetas, el personal de su pequeña empresa contaba, no sólo
con los seguros obligatorios sino que les había abierto un seguro de
retiro a cada uno, compartiendo el costo de las primas, y hasta un
seguro de salud como complemento a sus obras sociales.

Luego
de que saludara a su familia, me invitó a pasar a su escritorio;
estaba más serio que lo habitual, y yendo directamente al punto me
dijo: “Antonio, creía que tenía todo cubierto para mí futuro y el
de los míos, pero hoy me di cuenta de que hay un tema al que nunca
pude mirar muy de frente y es el tema de mi muerte”. Pude
refrenar mi primer impulso de referirme a su seguro de vida y decidí
que escuchar era lo mejor, para ver hasta dónde llegaba.
“Cuando
un ser querido muere uno está como arrasado. ¡Son tantas las cosas
que hay que hacer!, no hay ánimo para nada que no sea llorar la pérdida,
y yo no quiero dejar a nadie de mi familia la carga de esos trámites”.
Se
quedó en silencio, luego de un momento y viendo como se sumergía en
sus pensamientos le pregunté: “¿Qué pensás que puedo hacer por
vos?”
“Quiero
que alguien se haga cargo de todo cuando yo muera, que haga los trámites
que haya que hacer, que contrate la empresa de sepelios, todo eso”,
me contestó.
Sus
últimas palabras me recordaron un seguro al que normalmente no le
prestaba mucha atención, el Seguro de Sepelio, un seguro muy
antiguo destinado a solventar los gastos y realizar los trámites
correspondientes al sepelio del asegurado. Y se lo dije. Mis
palabras lo tranquilizaron y me pidió que buscara la mejor compañía
para esa cobertura.
Rogelio
y yo tomamos un café, mucho más tranquilos y pocos días después
ambos tomábamos un Seguro de Sepelio en la misma compañía, se lo
hice saber y se lo agradecí; fue él quien me hizo ver esa necesidad,
que yo había descuidado.
Cuando,
hace unos meses atrás, su hijo mayor me llamó para avisarme de su
muerte pude percibir, en toda su magnitud, la tranquilidad que
significa para un familiar poder dejar en manos de un tercero la tarea
de resolver los detalles del sepelio de un ser querido.
Que
estas palabras sean un homenaje para Rogelio que me ayudó a resolver
este problema, porque más que raro él era previsor.
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LA MÚSICA DE LA NOSTRA MORT
por Cristina Falcón


Conversando
con Gaby Monserrat
En
Cataluña, tierra de arte y cultura,
se ha puesto en marcha un proyecto musical para despedir la vida.
Gabriela Montserrat, una argentina que vive hace cuatro años en
Barcelona, canta en una Empresa
que ofrece Música para acompañar los funerales. Lo relata con esa pasión que
sólo se encuentra en aquellos que aman profundamente lo que hacen. Gabriela,
cantante de ópera, fue convocada para La
Música de la Nostra Mort por Núria Delgado.
-
Hacemos música en vivo con
diferentes instrumentos: voz, piano, violín, violoncello, saxo,
flauta. En momentos tan especiales como el de la muerte de un ser
querido, se produce un dolor tan intenso que deja el corazón en
carne viva. La música es un vehículo maravilloso que conduce y
también contiene los sentimientos de una manera indescriptible,
dice Gaby.
Escuchar
música en los entierros data de tiempos remotos. En el Antiguo
Egipto (1500 a. C.) formaba parte del ritual funerario; esto se sabe
por los instrumentos musicales que se encontraron dentro de las
salas mortuorias. También la comunidad hebrea (800 a. C.) incluía
la música en el culto, y los cristianos, en el período carolingio,
incorporaron el canto gregoriano en la despedida a sus seres
queridos.
En
la sociedad catalana actual, en la que este concepto no tiene ya
vigencia, el planteo de este Grupo es algo nuevo: se propone retomar
esa antigua costumbre, tan adecuada,
para el acompañamiento del duelo. La filosofía que sustenta este
proyecto pone de manifiesto la trascendencia de los seres humanos,
el deseo de permanecer vivos en el recuerdo de sus seres queridos.
-
Le dedicamos mucho tiempo a la promoción de nuestro servicio. Tenemos que dar a
conocer lo que ofrecemos para que las familias piensen en
contratarnos. Los clientes eligen la música que desean y el lugar
donde quieren escucharla. Nosotras interpretamos las piezas
seleccionadas por el mismo precio de una corona de flores,
agrega la cantante.

El
Ave María
Días
después, dialogué con la iniciadora de la propuesta, Núria
Delgado i Gross.
C:
¿Cómo surgió la idea de La Música de la Nostra Mort?
N:
Una familia conocida, me pidió que cantara a pie de
tumba en el entierro del abuelo. Yo había cantado muchas veces en
diferentes eventos familiares, canciones tradicionales catalanas, así
que busqué a un músico para que me acompañara con la melodía del
violín y presentamos los temas que al anciano le gustaba escuchar
en vida.
C:
¿Cuál es el repertorio que presentan?
N:
El repertorio es muy extenso.
Cuando las familias no tienen esa pieza especial para incluir en el
homenaje, le ofrecemos el Aria de la Suite en Re de J.S.Bach,
el Adagio de T. Albinoni,
el Ave María de F. Schubert.
Todas estas obras son oportunas por su magnitud espiritual. Cuando
las personas no quieren
una celebración religiosa, proponemos canciones tradicionales
populares catalanas, de matiz político si lo desean. También
interpretamos música tradicional internacional, canciones del
maestro Leucona como Sibonei, tangos argentinos como Adiós muchachos u otros títulos de Piazzola,
boleros como Historia de un amor
de Almarán.
C:
¿Qué respuesta reciben de las familias que los contratan?
N:
Mucho reconocimiento y
gratitud. Una familia que realizó una ceremonia laica por la muerte
de un integrante, nos pidió para el próximo domingo un concierto.
Quieren recordar al cumplirse un año de la muerte de su familiar,
las canciones que el
difunto compartía con sus amigos y parientes. El concierto terminará
con el brindis de la Traviata, para conmemorar aquel brindis que él hizo con su familia, en
agradecimiento por todo lo que había aprendido a raíz de su cáncer.
En aquella reunión el enfermo les dijo cuánto lo ayudó esa
dolencia en su evolución personal. La reunión póstuma da muestra
del profundo sentimiento que dejó en los suyos.
La
entrevista termina con esa bella sensación que deja la música
cuando nos toca el alma.
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COMPAÑEROS
DEL ALMA
por
Lila Bernárdez
Sólo aquellos que tienen o han tenido un perro saben lo
que es el afecto y el cariño desinteresado que brinda su compañía.
Llegar a casa, después de un arduo día de trabajo es una fiesta;
al abrir la puerta, ahí está él, recibiéndonos siempre con alegría.
Su bienvenida nos emociona: ver cómo
salta y nos mueve la cola, nos cambia el humor y nos devuelve la
sonrisa. Su
presencia nos invita a jugar, diluyendo el stress y las
preocupaciones cotidianas.
Nuestro perro sabe cuando estamos tristes y también
comparte nuestros momentos de felicidad y las buenas noticias. Nos
conoce tanto que por eso lo llamamos compañero del alma.

Pasear por el barrio, ir a la plaza, es para nuestro perro
el acontecimiento más esperado y disfrutado del día. Y para
nosotros, una fuente inagotable de sorpresas: ¡cuántas charlas o
amistades se inician por su intermedio! ¡Cuánta gente que nos
hubiera pasado desapercibida, se nos acercó por la afinidad de
compartir el amor hacia una mascota!
Y todo esto se vuelve aún más importante e imprescindible
en el caso de las personas de la Tercera Edad. Las personas
mayores que viven solas, al jubilarse, van perdiendo el contacto con
su entorno: una sensación de vacío se apodera de ellas, al sentir
que han dejado de ser útiles, que ya no tienen lugar de pertenencia
en el tejido social. La sociedad, ocupada en su diario trajín,
tiene poco tiempo para acordarse de sus viejitos y viejitas, e
imaginar espacios y actividades que los contengan y den un nuevo
sentido a sus vidas. Y éstas se colman de incomunicación y soledad.
Tener un perro es lo que les permite salir de este triste
encierro: ocuparse de él, alimentarlo, cuidarlo, darle y recibir
afecto, les posibilita olvidarse de sus dolencias y volver a sentir
que son importantes y queridos. Sacarlo a pasear, caminar con él,
los obliga a organizar una rutina diaria y a moverse y realizar un
ejercicio físico moderado, beneficioso para su corazón y para sus
huesos. En la actualidad, hay distintos estudios que prueban que las
personas que tienen mascotas viven más tiempo y con mejor calidad
de vida que las que no las tienen.
Existen también los llamados perros
asistentes que ayudan a aliviar las enfermedades de las personas
mayores o discapacitadas. Han sido entrenados para ofrecer
diferentes tipos de servicio: los perros guías proveen ayuda
visual a los ciegos para transportarse, los perros para sordos proveen ayuda auditoria, los perros de servicio proveen ayuda para realizar
tareas prácticas a los que padecen incapacidades físicas.
Actualmente, hay instituciones
que tienen grupos de voluntarios que recorren hospitales y asilos de
ancianos, en compañía de perros, para que los enfermos se sientan
mejor. Cuando en los
geriátricos, las personas mayores reciben a estas visitas de cuatro
patas ¡les alegran el día! Se ha llamado a esta actividad: terapia
de mascota. Diversas investigaciones señalan que la recuperación
es un hecho real, ya que el contacto con un animal y la interacción
con él proveen beneficios terapéuticos: desde alargar la
expectativa de vida hasta la reducción de la ansiedad y de la presión
sanguínea. El perro es una fuente de salud y equilibrio para estas
personas.

Por esto, en los últimos años, se han intensificado, en muchos países,
los programas con participación de animales de compañía en las
terapias tradicionales. Los efectos positivos de este tipo de
terapias ayudan a los pacientes a recuperarse de estados depresivos.
Como ya hemos dicho, los beneficios son tanto psicológicos como
fisiológicos y sociales.
En los Estados
Unidos, cada
vez son más los geriátricos que admiten animales. También. hay
instituciones que solventan la tenencia de mascotas a las personas
de más de sesenta y cinco años de edad. Lamentablemente, en
nuestro país no existen aún este tipo de instituciones. Pero se
puede resolver la adopción y tenencia de un perro mascota, conectándose
con alguna asociación protectora de animales o de adopción de
perros abandonados. Estas proporcionan animales a tenedores
responsables, en forma gratuita.
Ahora bien, no podemos hablar
sobre la calidad de vida de nuestros mayores sin tener en
cuenta su calidad de muerte. Este concepto, desarrollado a
partir de las experiencias con los moribundos que divulgó la
psiquiatra suiza Elizabeth Kübler-Ross es tomado, en la
actualidad, por la Nueva Tanatología y por las instituciones especializadas en Cuidados Paliativos para los enfermos
terminales1. Los médicos, enfermeras y
psicoterapeutas de estas tendencias, afirman la vida y reconocen
la muerte como un proceso natural en el que acompañan a los que
lo transitan, tratando de aliviarlos del dolor e integrando el
cuidado físico con el psicológico y el espiritual para que los
moribundos vivan lo más dignamente posible hasta que se mueran.
También tienen en cuenta a las familias y allegados del que está
atravesando esta etapa, para darles soporte y ayudarlos a elaborar
su duelo. Por eso, alientan a que, siempre que sea posible, el
paciente terminal o el anciano se despidan de la vida terrestre en
su hogar, rodeado de sus afectos y pertenencias y no en la frialdad
de una sala de hospital, en la que se sienten extranjeros y
separados de su mundo cotidiano. ¿Cómo excluir, en este trance, a las amadas mascotas? ¿Por qué no
darles, en el momento de la muerte de sus amos, el lugar que
tuvieron en su vida y en su corazón?
Son conocidas las historias de
perros que mueren de tristeza, al morir su amo... O sea que ellos
también viven su proceso de duelo, en este caso, con la
imposibilidad de aceptar la pérdida. Es innegable que la presencia
de su perro puede ser un gran sostén emocional y espiritual, para
ayudar al dueño a despedirse y a morir en paz.
Una lectora de ADIÓS
nos pregunta cómo hacer posible que este amigo del alma que acompañó
a una persona en su vejez, lo haga en el momento de su muerte. Es un
interrogante que, en nuestra sociedad, recién empezamos a
plantearnos. Encontrar la respuesta e implementarla es una de las
deudas que tenemos con nuestros viejitos y viejitas. No sólo como
muestra de amor y gratitud por habernos traído a este mundo sino,
también, para dignificar nuestras vidas y prepararnos para nuestra
propia muerte.

(1)
Para obtener más información sobre la Nueva Tanatología
y los Cuidados Paliativos, consultar las direcciones que
hay en nuestra Sección Servicios.
Invitamos a los lectores a
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CARTAS
DE LECTORES

Leyendo
ADIÓS
Disfruté
mucho la lectura de la Revista.
Los temas que más me interesaron fueron la
historia de los
amantes españoles, por las reminiscencias medievales que
de su historia se desprende y la de
la artista alemana,
pareja de Karl Valentin. El tema de la Nueva
Tanatología, de los Hospice, me interesó sobremanera.
Hasta ahora sólo había visto documentales sobre estos lugares en
Europa y EE.UU. ¡Que suerte que estén llegando a la
Argentina!
Quería
sugerirles algunas películas que me vienen a la memoria y que
muestran diferentes actitudes ante la muerte. Estas son:
EL
SÉPTIMO SELLO de Bergman (por la reacción de las
diferentes tipologías humanas ante la muerte) y, en otra línea,
dos de Akira Kurosawa: MADADAYO
y SUEÑOS,
concretamente el octavo sueño llamado
La isla de los
Molinos, que es absolutamente delicioso. La última que
se me ocurre es LA ETERNIDAD Y UN DÍA, de Theo Angelopolus. El protagonista es el imperdible Bruno Ganz en el
papel de un talentoso escritor, Alexander, que debe abandonar
su casa (donde descansan los recuerdos de toda una vida) para
ir a morir a un hospital ante el agravamiento de su enfermedad
terminal. Al ser Uds. escritoras, se la recomiendo especialmente
pues les va a conmover mucho su poético final.
CLAUDIA
CÁNEPA.
Ciudad de Buenos Aires.
Paz,
bien y salud
Estimados
amigos:
Les
comunico que a partir de Marzo pasaré a vivir a Bolivia. Allí
me espera una nueva misión desde de mi carisma en el ministerio de
la Pastoral de la Salud.
Quiero
agradecer a Dios, Señor de la vida, por todos sus dones y por haber
conocido tanta gente amiga, abnegada, sacrificada, noble,
voluntariosa, con gran fe.
Y
agradezco también a todos ustedes el apoyo y la colaboración que
me mostraron en mi estadía y ministerio pastoral en la República
Argentina.
¡Cómo
agradecer todo el bien que me han hecho y el cariño que me han
mostrado! Muchas gracias.
Y
también una petición de un sincero perdón por mis errores y por
si en algo ofendí a alguien. Espero sepan disculparme.
"Algo
se muere en el alma cuando un amigo se va...". Quedemos unidos
en el recuerdo y, en lo más importante, en la Oración.
"Que
el Señor les haga felices", (San Camilo).
P.
MATEO BAUTISTA. Religioso Camilo
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DOS
RELATOS
por
Eduardo Galeano
El velorio.
Francisco
Oller(1833-1917)
El
velorio
Asunción
Gutiérrez había muerto en Managua, el día que cumplió un siglo
de vida, y fue velada en su casa de la comarca Aranjuez por una
multitud de parientes y vecinos.
Ya hacía rato que los dolientes habían pasado de la pena a la
fiesta y de los susurros a las carcajadas, según quiere la
costumbre, cuando en lo mejor de la noche doña Asunción se alzó
en el ataúd.
—Sáquenme de aquí, babosos —mandó.
Y se sentó a comer un tamalito, sin hacer el menor caso de nadie.
En silencio, los deudos se fueron retirando. Ya los cuentos no tenían
quién los contara, ni los naipes quién los jugara, y los tragos
habían perdido su pretexto. Velorio sin muerto, no tiene gracia.
Los dolientes se perdieron por las calles de tierra. Despabilados
por el mucho café, no sabían qué hacer con lo que quedaba de la
noche.
Uno de los bisnietos comentó, indignado:
—Es la tercera vez que la vieja nos hace esto.
Después
Fue
asesinado en una cervecería de los suburbios. Un policía lo mató
por error, o porque andaba con una guitarra y tenía el pelo largo y
no sabía bajar la cabeza ante la autoridad. El policía lo agarró
por el pelo, le metió el caño de la pistola en un ojo y disparó.
Javier Rojas fue enterrado en Buenos Aires. Y mientras en Buenos
Aires se abría la tierra para recibirlo, muy lejos de allí, en
Antofagasta, tembló la tierra donde Javier había nacido. Un
maremoto, venido muy del fondo de las aguas, sacudió violentamente
aquellas costas mientras el entierro ocurría. Y Gabriela, la
hermana de Javier, pensó que Dios no existe, pero los dioses sí.
Desde la noche que murió Javier, Gabriela perdió el olfato. Dejó
de sentir el olor de las plantas, que habla por ellas, y el olor de
las pieles, que revela a la gente, y el olor de los libros viejos,
que es el olor del tiempo en que fueron leídos.
Ayelén, la hija de Gabriela, supo de la muerte del tío y lloró
hasta vaciarse. Después conversó el asunto con su mejor amiga, una
pajarita invisible que duerme arriba del ropero y se llama
Bocasucia, por su tendencia a las malas palabras. Y tras mucho
charlar con la pajarita. Ayelén preguntó a su abuela:
—Si Javier no está, ¿dónde está?
—En el cielo— dijo la abuela.
Eduardo
Hughes Galeano nació en Montevideo, Uruguay, en 1940. Vivió
exiliado durante 12 años, primero en Argentina y más tarde en España.
En Buenos Aires fundó y dirigió la revista Crisis. A principios de
1985, regresó a Uruguay. Ha hecho de todo: fue mensajero y
dibujante, peón en una fábrica de insecticidas, cobrador, taquígafro,
cajero de banco, diagramador, editor y peregrino por los caminos de
América Latina, a la cual le dedica gran parte de su obra. Entre
los fundamentales podemos citar: Las venas abiertas de América
Latina (1971), la trilogía Memorias del fuego,
y El libro de los abrazos (1989) que sobresale por su
sencillez y su originalidad.
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