ADIÓS - Revista Argentina - Publicación Trimestral de distribución gratuita




Consejo directivo:

Cristina Falcón 
Mercedes Falcón

Índice
(Notas Seleccionadas «)


EDITORIAL
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CELEBRACIÓN «
Premios en Medellín

 

CRÓNICA « 

La sepultura del Cacique Panguitrhruz Nuru


PATRIMONIO «

El Cementerio del Bosque de Estocolmo

Entrevista a Javier Beltrán

 

EL SECTOR  «                  Seguros de sepelio

Rogelio era un tipo raro

USOS Y COSTUMBRES «
La música de la nostra mort 

VIDA NATURAL «
Compañeros del alma

CUIDADOS PALIATIVOS «
Encuentro en Colonia

PUBLICACIONES «
Te llevo en mi corazón

LOS ESCRITORES Y LA MUERTE «
Cuentos de Eduardo Galeano                       

CORREO «
Cartas de lectores 

 
 

 

EDITORIAL

La edición de cada nuevo número de Adiós sigue abriéndonos un camino de luz. Cuando la oscuridad y la tristeza de los momentos que estamos atravesando como argentinos, y como mujeres y hombres de un mundo en el que grupos de poder, movidos por bajos intereses, alientan las guerras, sentimos con más fuerzas las ganas de encontrarnos con nuestros lectores. Este Nº 4 lo editaremos sólo en forma digital; la política de precios y costos está en un proceso complicado y por eso nos pareció conveniente publicarlo en la Web.

La luz a la que aludimos en el primer párrafo nos señaló la dirección y ésta nos llevó al encuentro de personas con quiénes compartimos momentos de profundo intercambio vital.

Hicimos nuevos amigos a los que nos unen fuertes lazos. No es extraño, ya que compartimos temas que hacen a la esencia de nuestro ser, mostrarnos un trocito del alma... ¿No es éste el principio de la amistad?

La visita a Suecia por invitación de Javier Beltrán nos deparó situaciones entrañables, tuvimos la dicha de que viniera a visitarnos a la Argentina y lo invitamos a conocer a algunos amigos locales. En la nota sobre el Cementerio del Bosque de Estocolmo podrán apreciar esta maravilla que Mercedes visitó.

El Canto desde Barcelona, nos llega en la voz de una querida amiga que hace música para acompañar los momentos de dolor. 

También estuvimos charlando en una tarde lluviosa con Gustavo De Simone, Director de la Asociación Pallium, y asistimos al Primer Encuentro Rioplatense de Cuidados Paliativos, en Colonia. Allí nos conectamos con un nuevo grupo: conocimos al Dr. Pedro Maza y a Celia Hehn que nos contaron sobre los cuidados que prodigan a los enfermos terminales, en el Hospital Curie. Ya los compartiremos con Uds. en nuestra próxima edición.

Recibimos también en Buenos Aires la visita de Maite Altube, desde Alemania. Estar con ella fue una alegría; nos entregó personalmente la nota que escribió en Münich sobre el libro que presenta en este número. ¡Los va a conmover!

La presencia física, el correo, los libros, configuran el paisaje de este sendero de luz. Aquí les ofrecemos los que estuvieron más cerca de nuestro corazón, en este ciclo verano-otoño de 2002: las cartas de lectores, los cuentos de Eduardo Galeano, la nota sobre las mascotas, la crónica sobre Mariano Rosas y una pequeña historia relatada por Antonio Pereira, sobre un sencillo acto de amor.

La oscuridad no borra la esperanza, nos recuerda que es preciso renovarla. ¡Escriban! ¡Recibir sus comentarios es un verdadero placer!

 

LAS EDITORAS

 

                                                               

Para escribir a sección

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LA SEPULTURA DEL CACIQUE PANGUITRHRUZ NURU

por Máximo Ayora

Ciento veintitrés años fuera de su sepultura. Su cráneo exhibido en la vitrina de un Museo. El cacique Panguithruz oriundo de Mamuel Mapu, la zona del monte, fue  enterrado en Leubucó (La Pampa), el 26 de Agosto de 1887. La barbarie de unos huincas (cristianos) interrumpió su descanso.

El cacique Paguithruz nació, vivió y murió en su tierra; fue querido y respetado por los suyos y por muchos de sus enemigos. Cuando tenía nueve años, estaba junto a otros compañeros cuidando la caballada en la laguna de Langheló, mientras esperaban el regreso del malón encabezado por su padre, el cacique Painé, sobre el pueblo de Rojas en la provincia de Buenos Aires y una partida militar los tomó prisioneros. Cerca de un año estuvieron presos y engrillados. Un día los llevaron ante Juan Manuel de Rosas, quién supo que Paguithruz era hijo de un cacique de nombradía. Lo hizo bautizar con el nombre Mariano, le dio su apellido y lo mandó con los otros compañeros a trabajar de peón en su estancia Los Pinos. Paguithruz tomó el nombre Mariano Rosas y lo adoptó como propio, durante el resto de su vida.

Seis años después, Mariano se fugó de la estancia Los Pinos, aprovechando la relativa libertad de movimiento que gozaba entre los peones de su patrón y padrino. La vida en la estancia era dura, sin embargo el cacique ranquel conservó buenos recuerdos de los conocimientos y la experiencia adquirida en esa etapa. Allí, completó su aprendizaje en las actividades pecuarias, habilidad altamente valorada en el mundo indígena. Durante los años vividos en la estancia había aprendido muy bien la lengua castellana y las costumbres de los cristianos pero esto no impidió que, al regresar a su territorio, recuperara la forma de vida de los suyos y su lengua nativa.

Mariano siempre guardó un gran afecto y respeto por su padrino; en una ocasión el General le mandó un presente y una carta, recriminándolo por haberse escapado e invitándolo a visitarlo. Paguithruz consultó con las Mujeres Sabias y supo que el regreso a aquellas tierras traería muchas desgracias a su pueblo. Juró entonces no pisar, nunca, tierra dominada por los blancos y mantuvo esta promesa durante toda su vida.

Gobernó desde 1858 a 1877. Desde su asunción como cacique, los gobiernos enviaban frecuentes emisarios al territorio ranquel, algunas veces para negociar, otras para reprimir.

En el verano de 1874 se desató entre los indios una epidemia de viruela que debilitó sus fuerzas. El Gobierno Nacional les ofreció nuevas tierras para que se instalaran, pero Mariano rechazó la oferta: sabía que de ese modo, arriesgaba la pérdida definitiva de sus tierras. Paguithruz murió de muerte natural, así  lo anunció el periódico La América del Sur, el 26 de agosto de 1877:

  "Las exequias que los Ranqueles han hecho al cacique Mariano Rosas, muerto hace unos días han sido verdaderamente regias. El cuerpo de Mariano ha estado expuesto a la puerta de su toldo por espacio de veinticuatro horas y lo rodeaban más de doscientas mujeres que lloraban como las antiguas plañideras. Todos los objetos de que se servía en vida, estaban a su cabecera, es decir el apero, lazo, boleadoras, etc.

A las veinticuatro horas después de haber dejado de existir fue llevado a su última morada, acompañándolo todos los indios de Ramón, de Caiomuta, de Epúmer y Baigorria [Baigorrita]. Las mujeres lloronas, seguían las angarillas, en que iba conducido por cuatro mocetones. Llegado que hubo el cortejo al sitio donde debía ser sepultado el cadáver, varios cautivos e indios procedieron a abrir un gran hoyo. Mientras unos hacían esta operación, otros degollaban tres de sus mejores caballos del finado y una yegua gorda. Después de haber concluido de abrir el hoyo, se hicieron las ceremonias de estilo. En la fosa se sepultaron los caballos, la yegua, varias prendas del finado, etc., para que pudiera emprender el largo viaje con felicidad. Encima de todo se puso el cuerpo de Mariano, y los primeros que echaron tierra sobre su cadáver, fueron los capitanejos. En ese mismo lugar han pasado dos días, las mujeres llorando, y los hombres desechando penas, es decir emborrachándose. He aquí como cumplen sus últimos deberes los hijos de la Pampa."  

 

En 1878, el Estado Argentino sin respetar el Tratado de Paz del 28 de julio de ese año, ni el Art. 65 inciso 17 de la Constitución, preparó el Ejército de Ocupación y solicitó al Congreso la autorización para llevar la frontera hasta el Río Negro.

Las fuerzas de la Tercera División Expedicionaria al Desierto invadió el territorio ranquel. El coronel Eduardo Racedo, jefe de la expedición ordenó profanar la tumba de Mariano. El cráneo del cacique fue retirado y enviado a Estanislao Cevallos quien, poco después lo donó al Museo de Ciencias Naturales de La Plata.

El Consejo de Lonkos y los descendientes del Cacique, reclamaron durante quince años la restitución de los restos de Mariano a Leubucó.

El sábado 23 de Junio de 2001, fueron restituidos en el Museo de la Plata, los restos de Panguithruz Nuru, el Zorro Cazador de Leones, Gran Lonko Che de la Nación Mamulche. Asistieron, a la ceremonia, 18 lonkos de comunidades rankulches y delegaciones mapuche, toba y otros pueblos. Los restos del Lonko Che fueron cubiertos por una bandera mamulche roja, verde y azul: la sangre de los caídos, el cielo y el campo donde habitaron los antepasados.

Una descendiente del cacique dijo: “Nuestra tierra ha vuelto a abrir un hoyo para que sus restos descansen en paz”. Otro integrante de la familia ranquel agregó: "se han ablandado los corazones duros. Espero que este gesto sirva para que la sociedad despierte".

Sus restos serán sepultados definitivamente en Leubucó. ¡Gloria al Cacique Panguithruz!

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Rogelio era un tipo raro  

por Antonio Pereira

                                                        Asesor de Seguros y Servicios

                                                                                         Financieros

 

A Rogelio lo conocí a principios de los años 90. En aquella época en mi oficina de seguros generales comenzamos a trabajar con un servicio relativamente nuevo en la Argentina como es el de consultoría en Planificación Financiera Personal. Fue a raíz de ese nuevo servicio que lo conocí. Estaba interesado en planes que combinaran un seguro de vida con algún tipo de ahorro con capitalización. Esos planes se conocían en el país a través de compañías que operaban Off-shore (fuera del país). Debido a ello y a que la ley prohíbe contratar un seguro de vida en el exterior, convinimos en tomar un Seguro de vida con una acreditada compañía de nuestro país y un plan de ahorro y capitalización. Cabe aclarar que pocos años después una de las más importantes compañías en seguros de vida con capitalización se instaló en nuestro país con éxito significativo (en la actualidad controla más del 30% del mercado).

Con Rogelio nos seguimos viendo, él cambió de compañía y tomó también un plan para asegurar los estudios de su primer nieto que acababa de nacer. Él vivía en San Fernando en una casa que había ayudado a construir a fines de los ‘50. Un día de noviembre de 1998 me llamó a la oficina y me pidió que lo fuera a ver a su casa. Con cierta intriga fui esa noche a verlo y dispuesto a escucharlo.

¿Por qué digo que era un tipo raro? Cuando me vino a ver por primera vez sabía muy bien lo que quería: un seguro de vida; algo que nuestra cultura  todavía no había aceptado (los argentinos somos eternos). Muy rápido incorporó la idea de invertir sus ahorros, para mejorar su jubilación, fuera de lo que eran los circuitos tradicionales que ofrecían los bancos (¡qué visionario!).

Por lo general, en nuestra profesión de asesores, nuestro trabajo consiste en hacer ver a nuestros clientes necesidades que ellos, por sus propias ocupaciones, no logran discernir; y, a partir de ese momento, buscar que compañías pueden cubrirlas. Pero, para mí, en el momento de la llamada, Rogelio ya tenía todas sus necesidades cubiertas. Todas sus propiedades estaban cubiertas por los distintos riesgos a los que estaban sujetas, el personal de su pequeña empresa contaba, no sólo con los seguros obligatorios sino que les había abierto un seguro de retiro a cada uno, compartiendo el costo de las primas, y hasta un seguro de salud como complemento a sus obras sociales.  

Luego de que saludara a su familia, me invitó a pasar a su escritorio; estaba más serio que lo habitual, y yendo directamente al punto me dijo: “Antonio, creía que tenía todo cubierto para mí futuro y el de los míos, pero hoy me di cuenta de que hay un tema al que nunca pude mirar muy de frente y es el tema de mi muerte”. Pude refrenar mi primer impulso de referirme a su seguro de vida y decidí que escuchar era lo mejor, para ver hasta dónde llegaba.  

“Cuando un ser querido muere uno está como arrasado. ¡Son tantas las cosas que hay que hacer!, no hay ánimo para nada que no sea llorar la pérdida, y yo no quiero dejar a nadie de mi familia la carga de esos trámites”.

Se quedó en silencio, luego de un momento y viendo como se sumergía en sus pensamientos le pregunté: “¿Qué pensás que puedo hacer por vos?”

“Quiero que alguien se haga cargo de todo cuando yo muera, que haga los trámites que haya que hacer, que contrate la empresa de sepelios, todo eso”, me contestó.

Sus últimas palabras me recordaron un seguro al que normalmente no le prestaba mucha atención, el Seguro de Sepelio, un seguro muy antiguo destinado a solventar los gastos y realizar los trámites correspondientes al sepelio del asegurado. Y se lo dije. Mis palabras lo tranquilizaron y me pidió que buscara la mejor compañía para esa cobertura. Rogelio y yo tomamos un café, mucho más tranquilos y pocos días después ambos tomábamos un Seguro de Sepelio en la misma compañía, se lo hice saber y se lo agradecí; fue él quien me hizo ver esa necesidad, que yo había descuidado.

Cuando, hace unos meses atrás, su hijo mayor me llamó para avisarme de su muerte pude percibir, en toda su magnitud, la tranquilidad que significa para un familiar poder dejar en manos de un tercero la tarea de resolver los detalles del sepelio de un ser querido.

Que estas palabras sean un homenaje para Rogelio que me ayudó a resolver este problema, porque más que raro él era previsor.  

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LA MÚSICA DE LA NOSTRA MORT 

por Cristina Falcón

 

 

 

Conversando con Gaby Monserrat   

 

En Cataluña, tierra de arte y  cultura, se ha puesto en marcha un proyecto musical para despedir la vida. Gabriela Montserrat, una argentina que vive hace cuatro años en Barcelona, canta en una Empresa que ofrece Música para acompañar los funerales. Lo relata con esa pasión que sólo se encuentra en aquellos que aman profundamente lo que hacen. Gabriela, cantante de ópera, fue convocada para La Música de la Nostra Mort por Núria Delgado.

 

- Hacemos música en vivo con diferentes instrumentos: voz, piano, violín, violoncello, saxo, flauta. En momentos tan especiales como el de la muerte de un ser querido, se produce un dolor tan intenso que deja el corazón en carne viva. La música es un vehículo maravilloso que conduce y también contiene los sentimientos de una manera indescriptible, dice Gaby.

 

Escuchar música en los entierros data de tiempos remotos. En el Antiguo Egipto (1500 a. C.) formaba parte del ritual funerario; esto se sabe por los instrumentos musicales que se encontraron dentro de las salas mortuorias. También la comunidad hebrea (800 a. C.) incluía la música en el culto, y los cristianos, en el período carolingio, incorporaron el canto gregoriano en la despedida a sus seres queridos. 

En la sociedad catalana actual, en la que este concepto no tiene ya vigencia, el planteo de este Grupo es algo nuevo: se propone retomar esa antigua costumbre, tan  adecuada, para el acompañamiento del duelo. La filosofía que sustenta este proyecto pone de manifiesto la trascendencia de los seres humanos, el deseo de permanecer vivos en el recuerdo de sus seres queridos. 

- Le dedicamos mucho tiempo a la promoción de nuestro servicio. Tenemos que dar a conocer lo que ofrecemos para que las familias piensen en contratarnos. Los clientes eligen la música que desean y el lugar donde quieren escucharla. Nosotras interpretamos las piezas seleccionadas por el mismo precio de una corona de flores, agrega la cantante.  

El Ave María

Días después, dialogué con la iniciadora de la propuesta, Núria Delgado i Gross.

C: ¿Cómo surgió la idea de La Música de la Nostra Mort?

N: Una familia conocida, me pidió que cantara a pie de tumba en el entierro del abuelo. Yo había cantado muchas veces en diferentes eventos familiares, canciones tradicionales catalanas, así que busqué a un músico para que me acompañara con la melodía del violín y presentamos los temas que al anciano le gustaba escuchar en vida.

 

C: ¿Cuál es el repertorio que presentan?

 

N: El repertorio es muy extenso. Cuando las familias no tienen esa pieza especial para incluir en el homenaje, le ofrecemos el Aria de la Suite en Re de J.S.Bach, el Adagio de T. Albinoni, el Ave María de F. Schubert. Todas estas obras son oportunas por su magnitud espiritual. Cuando las personas  no quieren una celebración religiosa, proponemos canciones tradicionales populares catalanas, de matiz político si lo desean. También interpretamos música tradicional internacional, canciones del maestro Leucona como Sibonei, tangos argentinos como Adiós muchachos u otros títulos de Piazzola, boleros como Historia de un amor de Almarán.

 

C: ¿Qué respuesta reciben de las familias que los contratan?

 

N: Mucho reconocimiento y gratitud. Una familia que realizó una ceremonia laica por la muerte de un integrante, nos pidió para el próximo domingo un concierto. Quieren recordar al cumplirse un año de la muerte de su familiar, las canciones  que el difunto compartía con sus amigos y parientes. El concierto terminará con el brindis de la Traviata,  para conmemorar aquel brindis que él hizo con su familia, en agradecimiento por todo lo que había aprendido a raíz de su cáncer. En aquella reunión el enfermo les dijo cuánto lo ayudó esa dolencia en su evolución personal. La reunión póstuma da muestra del profundo sentimiento que dejó en los suyos.

 

La entrevista termina con esa bella sensación que deja la música cuando nos toca el alma.  

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COMPAÑEROS DEL ALMA

                        por Lila Bernárdez

Sólo aquellos que tienen o han tenido un perro saben lo que es el afecto y el cariño desinteresado que brinda su compañía. Llegar a casa, después de un arduo día de trabajo es una fiesta; al abrir la puerta, ahí está él, recibiéndonos siempre con alegría.

Su bienvenida nos emociona: ver cómo salta y nos mueve la cola, nos cambia el humor y nos devuelve la sonrisa. Su presencia nos invita a jugar, diluyendo el stress y las preocupaciones cotidianas.

Nuestro perro sabe cuando estamos tristes y también comparte nuestros momentos de felicidad y las buenas noticias. Nos conoce tanto que por eso lo llamamos compañero del alma.

 

Pasear por el barrio, ir a la plaza, es para nuestro perro el acontecimiento más esperado y disfrutado del día. Y para nosotros, una fuente inagotable de sorpresas: ¡cuántas charlas o amistades se inician por su intermedio! ¡Cuánta gente que nos hubiera pasado desapercibida, se nos acercó por la afinidad de compartir el amor hacia una mascota!

 

Y todo esto se vuelve aún más importante e imprescindible en el caso de las personas de la Tercera Edad. Las personas mayores que viven solas, al jubilarse, van perdiendo el contacto con su entorno: una sensación de vacío se apodera de ellas, al sentir que han dejado de ser útiles, que ya no tienen lugar de pertenencia en el tejido social. La sociedad, ocupada en su diario trajín, tiene poco tiempo para acordarse de sus viejitos y viejitas, e imaginar espacios y actividades que los contengan y den un nuevo sentido a sus vidas. Y éstas se colman de incomunicación y soledad.

Tener un perro es lo que les permite salir de este triste encierro: ocuparse de él, alimentarlo, cuidarlo, darle y recibir afecto, les posibilita olvidarse de sus dolencias y volver a sentir que son importantes y queridos. Sacarlo a pasear, caminar con él, los obliga a organizar una rutina diaria y a moverse y realizar un ejercicio físico moderado, beneficioso para su corazón y para sus huesos. En la actualidad, hay distintos estudios que prueban que las personas que tienen mascotas viven más tiempo y con mejor calidad de vida que las que no las tienen.  

 

Existen también los llamados perros asistentes que ayudan a aliviar las enfermedades de las personas mayores o discapacitadas. Han sido entrenados para ofrecer diferentes tipos de servicio: los perros guías proveen ayuda visual a los ciegos para transportarse, los perros para sordos proveen ayuda auditoria, los perros de servicio proveen ayuda para realizar tareas prácticas a los que padecen incapacidades físicas.

 

 

 

Actualmente, hay instituciones que tienen grupos de voluntarios que recorren hospitales y asilos de ancianos, en compañía de perros, para que los enfermos se sientan mejor.  Cuando en los geriátricos, las personas mayores reciben a estas visitas de cuatro patas ¡les alegran el día! Se ha llamado a esta actividad: terapia de mascota. Diversas investigaciones señalan que la recuperación es un hecho real, ya que el contacto con un animal y la interacción con él proveen beneficios terapéuticos: desde alargar la expectativa de vida hasta la reducción de la ansiedad y de la presión sanguínea. El perro es una fuente de salud y equilibrio para estas personas.

 


Por esto, en los últimos años, se han intensificado, en muchos países, los programas con participación de animales de compañía en las terapias tradicionales. Los efectos positivos de este tipo de terapias ayudan a los pacientes a recuperarse de estados depresivos. Como ya hemos dicho, los beneficios son tanto psicológicos como fisiológicos y sociales.

En los Estados Unidos, cada vez son más los geriátricos que admiten animales. También. hay instituciones que solventan la tenencia de mascotas a las personas de más de sesenta y cinco años de edad. Lamentablemente, en nuestro país no existen aún este tipo de instituciones. Pero se puede resolver la adopción y tenencia de un perro mascota, conectándose con alguna asociación protectora de animales o de adopción de perros abandonados. Estas proporcionan animales a tenedores responsables, en forma gratuita.

 

Ahora bien, no podemos hablar sobre la calidad de vida de nuestros mayores sin tener en cuenta su calidad de muerte. Este concepto, desarrollado a partir de las experiencias con los moribundos que divulgó la psiquiatra suiza Elizabeth Kübler-Ross es tomado, en la actualidad, por la Nueva Tanatología y por las instituciones especializadas en Cuidados Paliativos para los enfermos terminales1. Los médicos, enfermeras y psicoterapeutas de estas tendencias, afirman la vida y reconocen la muerte como un proceso natural en el que acompañan a los que lo transitan, tratando de aliviarlos del dolor e integrando el cuidado físico con el psicológico y el espiritual para que los moribundos vivan lo más dignamente posible hasta que se mueran. También tienen en cuenta a las familias y allegados del que está atravesando esta etapa, para darles soporte y ayudarlos a elaborar su duelo. Por eso, alientan a que, siempre que sea posible, el paciente terminal o el anciano se despidan de la vida terrestre en su hogar, rodeado de sus afectos y pertenencias y no en la frialdad de una sala de hospital, en la que se sienten extranjeros y separados de su mundo cotidiano. ¿Cómo excluir, en este trance, a las amadas mascotas? ¿Por qué no darles, en el momento de la muerte de sus amos, el lugar que tuvieron en su vida y en su corazón?

Son conocidas las historias de perros que mueren de tristeza, al morir su amo... O sea que ellos también viven su proceso de duelo, en este caso, con la imposibilidad de aceptar la pérdida. Es innegable que la presencia de su perro puede ser un gran sostén emocional y espiritual, para ayudar al dueño a despedirse y a morir en paz.   

 

Una lectora de ADIÓS nos pregunta cómo hacer posible que este amigo del alma que acompañó a una persona en su vejez, lo haga en el momento de su muerte. Es un interrogante que, en nuestra sociedad, recién empezamos a plantearnos. Encontrar la respuesta e implementarla es una de las deudas que tenemos con nuestros viejitos y viejitas. No sólo como muestra de amor y gratitud por habernos traído a este mundo sino, también, para dignificar nuestras vidas y prepararnos para nuestra propia muerte.

 

 

(1) Para obtener más información sobre la Nueva Tanatología y los Cuidados Paliativos, consultar las direcciones que hay en nuestra Sección Servicios. 

 

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CARTAS DE LECTORES

 Leyendo ADIÓS

Disfruté mucho la lectura de la  Revista. Los temas que más me interesaron fueron la historia de los amantes españoles, por las reminiscencias medievales que de su historia se desprende y la de la artista alemana, pareja de Karl Valentin. El tema de la Nueva Tanatología, de los Hospice, me interesó sobremanera. Hasta ahora sólo había visto documentales sobre estos lugares en Europa y EE.UU. ¡Que suerte que estén llegando a la Argentina! 

Quería sugerirles algunas películas que me vienen a la memoria y que muestran diferentes actitudes ante la muerte. Estas son: EL SÉPTIMO SELLO de Bergman (por la reacción de las diferentes tipologías humanas ante la muerte) y, en otra línea, dos de Akira Kurosawa: MADADAYO y SUEÑOS, concretamente el octavo sueño llamado La isla de los Molinos, que es absolutamente delicioso. La última que se me ocurre es LA ETERNIDAD Y UN DÍA, de Theo Angelopolus. El protagonista es el imperdible Bruno Ganz en el papel de un talentoso escritor, Alexander, que debe abandonar su casa (donde descansan los recuerdos de toda una vida)  para ir a morir a un hospital ante el agravamiento de su enfermedad terminal. Al ser Uds. escritoras, se la recomiendo especialmente pues les va a conmover mucho su poético final.

CLAUDIA CÁNEPA. Ciudad de Buenos Aires.

Paz, bien y salud 

Estimados amigos:

Les comunico que a partir de Marzo pasaré a vivir a Bolivia. Allí me espera una nueva misión desde de mi carisma en el ministerio de la Pastoral de la Salud.

Quiero agradecer a Dios, Señor de la vida, por todos sus dones y por haber conocido tanta gente amiga, abnegada, sacrificada, noble, voluntariosa, con gran fe.

Y agradezco también a todos ustedes el apoyo y la colaboración que me mostraron en mi estadía y ministerio pastoral en la República Argentina.

¡Cómo agradecer todo el bien que me han hecho y el cariño que me han mostrado! Muchas gracias.

Y también una petición de un sincero perdón por mis errores y por si en algo ofendí a alguien. Espero sepan disculparme.

"Algo se muere en el alma cuando un amigo se va...". Quedemos unidos en el recuerdo y, en lo más importante, en la Oración.

"Que el Señor les haga felices", (San Camilo).

P. MATEO BAUTISTA. Religioso Camilo

 

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DOS RELATOS

 

por Eduardo Galeano     

 

 

    

                                                                                              El velorio. Francisco Oller(1833-1917)

El velorio

Asunción Gutiérrez había muerto en Managua, el día que cumplió un siglo de vida, y fue velada en su casa de la comarca Aranjuez por una multitud de parientes y vecinos. 
Ya hacía rato que los dolientes habían pasado de la pena a la fiesta y de los susurros a las carcajadas, según quiere la costumbre, cuando en lo mejor de la noche doña Asunción se alzó en el ataúd. 
—Sáquenme de aquí, babosos —mandó. 
Y se sentó a comer un tamalito, sin hacer el menor caso de nadie. 
En silencio, los deudos se fueron retirando. Ya los cuentos no tenían quién los contara, ni los naipes quién los jugara, y los tragos habían perdido su pretexto. Velorio sin muerto, no tiene gracia. Los dolientes se perdieron por las calles de tierra. Despabilados por el mucho café, no sabían qué hacer con lo que quedaba de la noche. 
Uno de los bisnietos comentó, indignado: 
—Es la tercera vez que la vieja nos hace esto.

Después

Fue asesinado en una cervecería de los suburbios. Un policía lo mató por error, o porque andaba con una guitarra y tenía el pelo largo y no sabía bajar la cabeza ante la autoridad. El policía lo agarró por el pelo, le metió el caño de la pistola en un ojo y disparó. 
Javier Rojas fue enterrado en Buenos Aires. Y mientras en Buenos Aires se abría la tierra para recibirlo, muy lejos de allí, en Antofagasta, tembló la tierra donde Javier había nacido. Un maremoto, venido muy del fondo de las aguas, sacudió violentamente aquellas costas mientras el entierro ocurría. Y Gabriela, la hermana de Javier, pensó que Dios no existe, pero los dioses sí. 
Desde la noche que murió Javier, Gabriela perdió el olfato. Dejó de sentir el olor de las plantas, que habla por ellas, y el olor de las pieles, que revela a la gente, y el olor de los libros viejos, que es el olor del tiempo en que fueron leídos. 
Ayelén, la hija de Gabriela, supo de la muerte del tío y lloró hasta vaciarse. Después conversó el asunto con su mejor amiga, una pajarita invisible que duerme arriba del ropero y se llama Bocasucia, por su tendencia a las malas palabras. Y tras mucho charlar con la pajarita. Ayelén preguntó a su abuela: 
—Si Javier no está, ¿dónde está? 
—En el cielo— dijo la abuela.
 

Eduardo Hughes Galeano nació en Montevideo, Uruguay, en 1940. Vivió exiliado durante 12 años, primero en Argentina y más tarde en España. En Buenos Aires fundó y dirigió la revista Crisis. A principios de 1985, regresó a Uruguay. Ha hecho de todo: fue mensajero y dibujante, peón en una fábrica de insecticidas, cobrador, taquígafro, cajero de banco, diagramador, editor y peregrino por los caminos de América Latina, a la cual le dedica gran parte de su obra. Entre los fundamentales podemos citar: Las venas abiertas de América Latina (1971), la trilogía Memorias del fuego, y El libro de los abrazos (1989) que sobresale por su sencillez y su originalidad.  

 

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