El arte social en los murales de Avellaneda

por  Mauricio Klein

Los inmigrantes que, en las primeras décadas del siglo XX, se instalaron en Avellaneda, no sólo la convirtieron en el primer distrito industrial de Latinoamérica., sino que además se ocuparon de la cultura. Así fundaron un teatro y una biblioteca llamada Veladas de Estudio después del Trabajo que dio cobijo al artista Juan Carlos Castagnino, en 1934,perseguido por su militancia en el Partido Comunista. La Biblioteca, ubicada en Entre Ríos 731,en la localidad de Piñeyro nació de la iniciativa de obreros anarquistas
que se reunían allí para aprender a leer y escribir cuando salían de las fábricas. Se discutían ideas, se daban obras de teatro, se hacían exposiciones de arte. En agradecimiento el pintor dejó, sobre un panel de aglomerado revestido con yeso, un mural que representa a una Mujer trabajadora que avanza llevando leña, sobre un fondo de fábricas y chimeneas. Es una alegoría ligada a la época y el lugar: los años 30, cuando la zona era un pulmón fabril.

Castagnino, pintor, muralista, dibujante, ilustrador y grabador, adhirió a los principios estéticos y sociales de los muralistas mejicanos (Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros) practicando el arte como forma de denuncia ante las injusticias sociales. Avellaneda, ciudad obrera, altamente politizada y cultural, recibió ese legado. Esta obra, deteriorada por la humedad, filtraciones y daños intencionales, es recuperada por un equipo de restauradores (Gabriela van Riel, Pilar Vigil, Ariel Fridman y Viviana Mayol)

que también participó en la recuperación de los murales de  Antonio Berni que están en el Bingo Avellaneda, pintados hace 50 años, en el ex cine-teatro General San Martín donde ahora funciona el Bingo. Estas obras, valuadas en casi un millón de dólares, fueron descubiertas por casualidad, en las que fueron las paredes del hall central del cine, en total estado de abandono. Isaura Molina y Elisa Radovanovic, especialistas en la obra de Berni, explicaron que los inmensos murales del acceso al antiguo cine no están firmados pero fueron confirmados por Lily, su hija. Representan a la diosa Afrodita, las Musas y las mitológicas Horas en el Parnaso. Hay otras obras que sí tienen su firma: son las de las dos mujeres —una con una flor y otra con un perro— pintadas en pequeños nichos en el descanso central de la escalera.

En una pared cóncava de una galería del Cementerio de Avellaneda, Castagnino pintó otro mural, hace casi 50 años. No está firmado pero expertos en el tema certificaron que era auténtico. Es una alegoría del descanso eterno que trata de sobrevivir a la humedad, el descuido y el olvido. En la misma galería hay otro mural del mismo tamaño que se le adjudica al pintor español Manuel Colmeiro, amigo de Castagnino. La ordenanza para restaurar ambos murales ya está aprobada. El comienzo de las obras será un indicio claro del renacimiento de Avellaneda, en su patrimonio cultural.

 

Mural Cementerio de Avellaneda

Foto: Gonzalo Moreno

 

 

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Cuando muere nuestra amada mascota

                 Por JaneAnn Dow, Ph.D.

                                   Traducción: Claudia Cánepa

Cristales y curación aparte1, deseo compartir con ustedes cierta valiosa información acerca de la muerte de nuestras amadas mascotas. A lo largo de los años, he escuchado muchas historias sobre lo que sucede con el alma de un animal. No fue hasta hace muy poco que obtuve respuesta a esa pregunta y, como amo a los animales más de lo que quiero a algunas personas, la publico en mi página web2.

No hace mucho llegó a mi consultorio una amiga que tenía que sacrificar a su viejo caballo. Su dolor estaba muy presente mientras nosotras le aplicábamos una serie de cristales, confiando en que el alma del animal fuese liberada lo más pronto posible.

Justamente cuando la sesión llegaba a su fin, le pedí información una vez más al Espíritu, sobre lo que ocurre con las almas de nuestros animales. Hasta ahora se me había dicho que ellas iban hacia una especie de energía o alma colectiva, pero que a algunas les era permitido permanecer cerca del plano terrenal. Esto nunca me había quedado claro. He aquí lo que recibí:

Las almas de los animales que viven en libertad y que nunca interactúan con los seres humanos van, en efecto, hacia eso que es llamado un alma de energía colectiva. La chispa de conciencia que les posibilita la vida en el planeta es atraída hacia ese reservorio de almas. Ellas nunca llegan a constituir una identidad ni una individualidad.

Los animales que denominamos nuestras mascotas se convierten en parte de nuestras vidas. Sus energías se intercambian con las nuestras y ellos pueden incorporar mucho de nosotros. ¿No han notado como algunos animales se parecen a sus dueños?

Tuve, durante once años, un caballo llamado Doc. El me ayudó a superar el terrible miedo a los caballos que sentí a lo largo de muchos años, como consecuencia de un accidente que casi que me cuesta la vida. Construimos una relación de confianza mutua, mientras nos prometíamos, a diario, que ninguno pondría en peligro al otro. Nuestro vínculo era fuerte. Doc tuvo que retirarse para terminar sus días en el hermoso rancho de mi amigo Wade, en Tejas. Para mí, fue una difícil decisión, facilitada por Valerie, una sanadora psíquica animal que me dijo: Doc tiene una tarea que hacer. Un mes más tarde, Wade me llamó para contarme que su padre,  un hombre bastante malhumorado y dominante, estaba comenzando a ablandarse y se había vuelto gradualmente más afectuoso y compasivo. ¡Claro, esto es gracias a Doc! interrumpí abruptamente en el teléfono. ¡Doc llevaba consigo mi energía, hasta el punto de poder sanar gente, sin los cristales! Así, Doc encontró su tarea en esta vida y aún continúa sanando a esa maravillosa familia.

Hace unos pocos años, me fue obsequiada una bellísima perra Standard Poodle, llamada Madeleine. Yo la miraba fijamente a los ojos y me quedaba perpleja del poder y de la intención de su mirada, así como de su noble porte. Frecuentemente le decía: ¡Madeleine, eres tan especial! Me siento honrada de tenerte en mi vida. No vivió mucho tiempo; cuando tenía casi tres años, se comió una planta entera de geranio, sin que yo me enterase. El mismo día, se puso mortalmente enferma y poco después supimos que no podíamos salvarla. Quedé anonadada, ¡quería que ella regresara pronto, en algún otro animal! Meses después, tuve un sueño en el que Madeleine aparecía diciendo: Mami, no sigas intentando encontrarme. No voy a volver; puedo protegerte mejor desde aquí. En aquel momento, no tuve la menor idea de lo que quiso decirme, pero hoy día lo sé.

 

Las almas de los animales que interactúan con los seres humanos, en forma significativa, son totalmente diferentes. Cuando mueren, sus almas se unen a las auras de sus seres humanos para acompañarlos como guías, protectores, o como espíritus amados. Mi primer pensamiento fue: ¡Debo tener una enorme protección animal! ¡Con lo que he querido a los animales toda la vida! (¡en este preciso momento tengo dos caballos, tres perros, un gato dominante y doce pájaros de variados colores y tamaños!).

 

Qué reconfortante es saber que el compañero que amas permanece aún contigo, aunque sea de otra manera. A menudo, veo a alguno en especial en el rabillo del ojo o lo encuentro retozando en algún sueño, sin nunca entender cómo ni por qué.

Cuando eliges un compañero animal, en un negocio de mascotas, en un corral, en una camada de cachorros o encuentras un alma perdida, la conexión no se da inmediatamente, casi nunca. Lleva tiempo que sus energías y las nuestras se armonicen y se vuelvan una. El Espíritu utiliza a nuestros animales de compañía como una forma de estar cerca de nosotros, de protegernos o de guiarnos. ¿No te maravilla que un animal se te quede mirando fijamente a los ojos o trate de alegrarte o parezca deprimido cuándo tú lo estás? Es posible que por tu mascota pasen muchas más cosas de las que puedas percibir o comprender.

 

Sinceramente, espero que esta información sirva de ayuda a aquellos de ustedes que estén sufriendo por la pérdida de una mascota. Su muerte nos brinda la oportunidad de condolernos por personas fallecidas, no emparentadas, o por temas que han llegado a su fin. Recuerdo que mientras sostenía a mi querido periquito, el Sr. Maude, y sollozaba descontroladamente, descubrí que en realidad estaba llorando por todos los niños que había ayudado a morir a lo largo de los años, durante mi primera etapa de trabajo como tanatóloga, asesorando sobre la muerte. Dios lo bendiga.

Actualmente mi vida está dirigida por una Papillon, llamada Lili. Ella observa cada uno de mis movimientos, se sienta en mis cursos sobre cristales, generalmente sobre los regazos de quienes parecen atravesar una difícil experiencia de vida. ¡Es verdaderamente mi alter ego espiritual!

 

Si están sufriendo por la pérdida de su mascota, intenten concentrarse en la idea de que ellos nunca los abandonarán por completo. Están todavía con ustedes, aunque no puedan verlos. Su muerte no es muy diferente de la de un miembro de la familia o de un amigo.

A veces, sus almas regresan en otro animal. Estén atentos a esto, cuando busquen un nuevo amigo. Su corazón les avisará cuando esté cerca.

 

1 JaneAnn Dow, Doctora en Tanatología, es junto con su amiga Katrina Raphaell una de las especialistas más reconocidas en la terapia de sanación con cristales. En su rancho de Santa Fe, USA, Red Cloud Ranch vive, con su esposo Scott, dos caballos y rodeada de mascotas. 

2  Su sitio web: http://www.janeanndow.com/

 

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A tiempo y no

 

 

por Alejandra Pizarnik

a Enrique Pezzoni


El Bosco (1460-1516)     

Extracción de la piedra de

 la locura. Prado-Madrid   

 

-No he visto aún a la reina loca-dijo la niña.
-Pues acompáñame, y ella te contará su historia-dijo la muerte.
Mientras se alejaban, la niña oyó que la muerte decía, dirigiéndose a un grupo de gente que esperaba: "Hoy están perdonados porque estoy ocupada", cosa que la alegró, pues el saber que eran tan pocos los que iban a morir la ponía algo triste.
Al poco rato vieron, a lo lejos, a la reina loca que estaba sentada muy triste sobre una roca.
-¿Qué le pasa?- preguntó la niña a la muerte.
-Todo es imaginación-replicó la muerte-, en realidad no tiene la menor tristeza.
-Pero sufre igual, entonces no hay ninguna diferencia-dijo la niña.
-Vamos-dijo la muerte.
Se acercaron, pues, a la reina loca, que las miró en silencio.
-Esta niña desea conocer tu historia-dijo la muerte.
-Yo también quisiera conocer mi historia si yo fuera ella y ella yo-dijo la reina loca.

Y agregó-: Siéntense las dos y no digan una sola palabra hasta que haya terminado.
La muerte y la niña se sentaron y, durante unos minutos, nadie pronunció una sola palabra. La muñeca cerró los ojos.
-No veo cómo podrá terminar si no empieza-dijo la niña.
Se hizo un gran silencio.
-Una vez fui reina-empezó al fin la reina loca.
A esas palabras el silencio se volvió a unificar y se hizo denso como una caverna o cualquier otro abrigo de piedra: dentro, entre las paredes milenarias, la joven reina rodeada de unicornios sonríe a su espejo mágico. La niña sentía deseos de prosternarse ante la narradora en harapos y decirle: "Muchas gracias por su interesante historia, señora", pero algo le hacía suponer que la historia de la reina loca aún no estaba terminada y por lo tanto permaneció quieta y callada.
La reina loca suspiró profundamente. La muñeca abrió los ojos.
-"Hijo mío, tráeme la preciosa sangre de tu hija, su cabeza y sus entrañas, sus fémures y sus brazos que te dije encerraras en la olla nueva y la taparas, enséñamelo, tengo deseos de mirar todo eso; hace tiempo te lo di, cuando ante mí gemiste, cuando ante mí estalló tu llanto"-dijo la reina loca.
-No le hagas caso-dijo la muerte-, está loca.
-¿Y cómo no va a estarlo si es la reina loca?-dijo la niña.
-Siempre divaga sobre lo que no tuvo. Lo que no tuvo la atraganta como un hueso- dijo la muerte.
Con los ojos llenos de lágrimas prosiguió la reina loca:
-Niña, tú que no has tenido un reino, no puedes saber por qué voy bajo la lluvia con mi corona de papel dorado y la protejo...
-Para que no se moje-dijo la niña. Y empezó a contar: Una vez mi primo y yo. Pero se contuvo pues la muerte mordía con impaciencia un pétalo de rosa que tenía en la boca.
-No, no puedo saber-dijo la niña.
-Pues cuenta la historia de una vez y basta -dijo la muerte consultando su reloj que en ese momento se abrió e hizo aparecer a un pequeño caballero con una pistola en la mano que disparó seis tiros al aire: eran las seis en punto de la tarde y el crepúsculo no dejaba de revelarse algo siniestro, sobre todo por la fugaz aparición del caballerito del reloj y por la presencia de la muerte, aún si ésta jugaba con una rosa que lamía y mordía. A lo lejos, cantaban acompañándose de aullidos y tambores. Alguien cantaba una canción en alabanza de las florecillas del campo, del cielito blanco y azul,del arroyuelo que mana agüita pura. Pero otra voz cantaba otra cosa:
Et en bas, comme au bas de la pente amère,
cruellement désespéré du coeur,
s'ouvre le cercle des six croix,
très en bas
comme encastré dans la terre mère,
desencontré de l´entreinte immonde de la mèr
qui bave.
La reina loca suspiró.
-Me he acostado con mi madre. Me he acostado con mi padre. Me he acostado con mi hijo. Me he acostado con mi caballo-dijo. Y agregó-: ¿Y qué?
La muerte escupió otro pétalo y bostezó.
-Qué interesante-dijo la niña con temor de que su muñeca hubiese escuchado. Pero la muñeca sonreía, aunque tal vez con demasiado candor.
-Podría contarte mi historia a partir de la e de ¿Y qué?, que fue la última frase que dije aunque ya no es más la última-dijo la reina loca-. Pero es inútil contarte mi historia desde el principio de nuestra conversación, porque yo era otra persona que no está más.
La muerte bostezó. La muñeca abrió los ojos.
-Qé bida!-dijo la muñeca, que aún no sabía hablar sin faltas de ortografía.
Todo el mundo sonrió y tomó el té sobre la roca, en el funesto crepúsculo, mientras aguardaban a Maldoror que había prometido venir con su nuevo perro. Entretanto, la muerte cerró los ojos, y tuvieron que reconocer que dormida quedaba hermosa.

Del libro: Textos de Sombra y últimos poemas (1982)

Alejandra Pizarnik nació en Avellaneda, hija de padres inmigrantes rusos, el 29 de abril de 1936 y se quita la vida en 1972. Estudió filosofía y letras en la Universidad de Buenos Aires y, más tarde, pintura con Juan Batlle Planas. El 25 de septiembre de 1972, mientras pasaba un fin de semana fuera de la clínica psiquiátrica donde estaba internada, Pizarnik murió de una sobredosis de Seconal.

Publicó: La tierra más ajena (1955), La última inocencia (1956), Las aventuras perdidas (1958), Árbol de Diana (1962), Los trabajos y las noches (1965), Extracción de la piedra de la locura (1968), Nombres y figuras (1969), El Infierno musical (1971), Los pequeños cantos (1971), La condesa sangrienta (1971), Zona prohibida, póstuma (1982).

 

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