ADIÓS - Revista Argentina - Publicación Trimestral de distribución gratuita




Consejo directivo:
Cristina Falcón 
Mercedes Falcón

Índice
(Notas Seleccionadas «)
EDITORIAL

INVESTIGACIÓN «
Avellaneda, un nuevo amanecer

TIERRA DE JÓVENES 
«
Luca Prodan no ha muerto

NUESTRA HISTORIA «
El Cementerio oculto

REFLEXIONES «
No sé ni el día, ni la hora

PAISAJE URBANO «
El Corazón al Sur

Encuentro con E. Blázquez

 

PATRIMONIO «
El arte social en los murales de Avellaneda

 

VIDA NATURAL «

Cuando muere nuestra amada mascota

LOS ESCRITORES Y LA MUERTE «
A tiempo y no
de Alejandra Pizarnik

OCURRENCIAS «

Epitafios


CARTA DE LECTORES «


 

EDITORIAL

Esta nueva edición surgió de un sueño de Cristina: visitar el cementerio de Avellaneda. Y allí nos dirigimos para ver si la realidad coincidía con las imágenes oníricas. Lo vivido superó todas nuestras expectativas...

Apenas pisamos la ciudad de los muertos ¡vimos salir el sol! Y una vez más comprobamos que a la más profunda oscuridad, sucede un amanecer. Ese amanecer que nos muestra la foto de la tapa: una nena que florece a la vida toca, sin temor, las alas del Ángel de la Noche. Sabiduría del destino: conocer el final del camino nos invita a gozar y a vivir cada tramo con entusiasmo.

 

Edición Especial

Avellaneda nos mostró sus diferentes paisajes. El paisaje solidario de su gente que nos acompañó en todo momento con calidez y generosidad. El paisaje artístico representado en sus murales, sus poetas y su música. El paisaje de sus jóvenes, buscando formas de construir una esperanza.

Y en esta edición hay mucho más. La presencia de amigos que desde otros países nos hicieron llegar notas para publicar: incluimos la reflexión de David Díaz Rodríguez, enviada desde Tampa, EE. UU.

 

En Buenos Aires, participamos en la III Jornada de Patrimonio Intangible: El espacio cultural de los mitos, ritos, leyendas, celebraciones y devociones. Tuvimos la suerte de que mucha gente nueva, relacionada con el espacio académico y la Legislatura de la Ciudad de Bs. As. se acercara a nuestra revista. Y recibimos muchos aportes e ideas nuevas y un maravilloso CD sobre las Historias Secretas de Montevideo que nos regaló uno de los participantes, Rafael Arristia.

 

Lic. M.Lacarrieu (coord), Mercedes y Cristina Falcón

 

Público sonriente hojeando la Revista Adiós      

 

Queremos también contarles, con toda nuestra alegría, que las editoras de ADIÓS fuimos invitadas al Encuentro Latinoamericano de Cementerios Patrimoniales que se realizó en Cuenca y en Quito, Ecuador. Allí estuvimos y en la próxima edición les contaremos cómo nos fue.

Un párrafo especial para nuestros queridos lectores que nos siguen sorprendiendo con sus creativos mensajes. No se pierdan la Sección Carta de Lectores.

Ese sueño que inspiró el material de este número no está agotado; sabemos que será habitado por todos ustedes, expertos en el arte de soñar, y que le darán sus propios colores al próximo amanecer.

LAS EDITORAS

   


 


 

AVELLANEDA, un nuevo amanecer

por Cristina Falcón

Fotos: Gonzalo Moreno

Se hizo la noche. La oscuridad ocultó la alegría de los días prósperos y la pobreza comenzó a extenderse por las calles de nuestra Argentina. Nos encaminamos a Avellaneda, un símbolo de producción en tiempos de siembra y fuimos hasta el cementerio; allí  descubrimos la historia del trabajo y el delito, del amor y la violencia, del arte y el deporte, de la vida ostentosa y de la humilde, de las convicciones y los sentimientos religiosos, políticos y familiares.

Desde el silencio y la paz del cementerio retrocedimos a olvidadas épocas del pasado y reconstruimos algunos fragmentos de nuestra historia nacional. El pueblo de    Avellaneda es una muestra, en pequeña

      

    Estatua Dr. Nicanor Basavilbaso

 escala, de la gente que habita nuestras tierras.

Visitamos el cementerio el primero de mayo, Día de los trabajadores. Nuestro ánimo se hizo eco del contraste entre esa pujante tierra que habilitó su necrópolis en 1876 y se volcó al desarrollo de su ciudad industrial, y ésta que hoy ostenta uno de los mayores índices de desocupación del Gran Buenos Aires. Nos detuvimos frente a una tumba y abrimos nuestro corazón.

 

Muertes jóvenes

 

Lita arreglaba la lápida de una tumba; al acercarnos vimos que era una réplica en miniatura de la cancha de fútbol de “los rojos” de Avellaneda. Comenzó a hablar de su hijo que estaba allí sepultado, con una profunda mirada de tristeza y serenidad:

 

 David tenía 15 años y estaba en la barra brava de Independiente. Mi hija y yo lo seguíamos por todas partes para cuidarlo. Yo le decía que no se metiera en cosas malas. Ese día se fue con otros chicos y quisieron robar un auto. Los sorprendió la policía y a David, le pegaron un tiro por la espalda. Era un chico de buenos sentimientos, no tenía necesidad de ir a robar. Algunas veces lo sueño, los primeros días sólo le veía la cara, pero ayer lo soñé, tal como era. Era muy lindo, medía un metro ochenta. ¿Saben lo que me decía en el sueño?: “Mamá, no vengas tanto al cementerio, tenés que caminar mucho y te duelen las rodillas, no es necesario que te canses tanto”. Me acompañó todo el camino hasta la salida del cementerio. Lo vi tan claro que parecía real.

Laura, la hermana de David no participó de la conversación. Cuando nos estábamos por retirar llegó un grupo de muchachos: eran los amigos de David y venían a visitarlo. Con un beso saludaron a la mamá; nos dolió compartir la pena de esa familia y de esos chicos que aquella tardecita soleada de día feriado quisieron estar allí.

En otro sector, un grupo de jóvenes de alrededor de 18 años ponía flores en la tumba de Mariano, un joven hincha de Racing, otro importante club de fútbol de la zona. Dos canchas bajo un mismo cielo. Esa pasión que comienza en el potrero y se inscribe en el alma de la hinchada también está presente en la piedra del sepulcro.

Nos resultó muy llamativa la predominante concurrencia de jóvenes. Habitualmente cuando recorremos otros cementerios, los visitantes son personas de edad avanzada.

Nos sentimos profundamente conmovidas al presenciar estas escenas que mostraban la frágil supervivencia de nuestros muchachos y esa sensación se fue reproduciendo al encontrar otras huellas de muertes trágicas, algunas invisibles a los ojos aunque imborrables para la memoria, como las tumbas NN que descubrió en 1990, el Equipo Argentino de Antropología Forense, excavando en un predio cubierto de yuyos, donde hallaron once esqueletos de jóvenes desaparecidos en los años de la dictadura militar, que habían sido asesinados brutalmente durante ese proceso tan oscuro de nuestra historia.

Registramos asimismo muertes de chicos asesinados por las Fuerzas Policiales, como la de Leandro Bazán, muerto a los 13 años por la bala asesina de un cabo.

Nos enfrentarnos también con otras dolorosas muertes causadas por el alcohol, por sobredosis de droga o por accidentes, como la del boxeador José María Gatica que murió bajo las ruedas de un colectivo o como la del ídolo rockero Luca Prodan.

 Lamentablemente el dolor no cesa. El veintiséis de junio del año pasado, Avellaneda volvió a convertirse en escenario de otras inquietantes muertes: Maximiliano Kosteki (22 años) y Darío Santillán (21 años), dos jóvenes del Movimiento de Trabajadores Desocupados que fueron fusilados por oficiales de la policía bonaerense, cuando volvían de un piquete en el Puente Pueyrredón. El lugar del asesinato: la estación Avellaneda.

 

Una luz de esperanza se enciende y se apaga

 

Busto de Evita

 

Yo estaré para que sigan adelante / por el camino de la justicia y la libertad / hasta que llegue el día maravilloso de los pueblos.

 

El mensaje es una frase de Evita grabada en una placa, ubicada en la entrada principal del Cementerio. Ese horizonte de esperanza, que la oración señala, se ha visto ennegrecido muchas veces por la injusticia y la traición aunque también se renueva cotidianamente con el amor y los valores humanos que posee la gente de este pueblo tan singular. Encontramos en nuestro recorrido distintas aristas de nuestra misteriosa humanidad. Las redes comunitarias, las relaciones familiares, la expresión de sus posturas religiosas, sus inclinaciones políticas, sus pasiones deportivas, las vocaciones, las posiciones sociales, el poderío económico.

 

Se distinguen en el Cementerio tres sectores que corresponden a la situación socio-económica de las familias y a su forma peculiar de venerar a sus difuntos.

El sector popular entierra a sus muertos y honra el lugar de la sepultura; muchos eligen construir casitas de colores sobre la tumba.

Un cuidador nos cuenta que la casita del sector que tiene una terraza, una escalera y otros detalles de cálida ternura fue construida por dos hijos para homenajear a su madre porque no llegaron a cumplir el deseo de construirle una vivienda en vida.

El sector medio de esta población se encuentra mayoritariamente en nichos. Tras los cristales, vimos que los ornamentos en celeste y blanco, se repetían a cada paso; lo primero que se nos ocurrió fue  pensar en la bandera: ¿tan patriotas serán en Avellaneda?  De pronto descubrimos el verdadero significado: ¡celeste y blanco son los colores de Racing!  Cada recinto es una muestra de amor; cubre-ataúdes de satén con puntillas, fotos delicadamente enmarcadas, dibujos de niños o muñecos dedicados a padres y abuelos, placas de bronce con inscripciones que expresan cariño a través de breves frases como: ¡Siempre estarás con nosotros!

Los más pudientes tienen sus bóvedas. Los mausoleos más antiguos del Cementerio pertenecen mayoritariamente a familias con apellido vasco como la de Pedro Etchegaray  del año 1876 y la de Manuel de Estévez de 1878; esta última familia no sólo alberga los restos de sus parientes sino también los de sus servidores.

La cruz está presente en casi todas las bóvedas y otras imágenes religiosas aparecen forjadas en las puertas de acceso. La Capilla de Cristo Resucitado está en la entrada del Cementerio y allí hay un sacerdote que celebra una misa, los 4º domingos, e invita a los familiares de todos los difuntos del mes. Despertó mucha curiosidad la celebración de un casamiento en esta capilla que fue noticia hace varios meses.

 

Al concluir nuestra primera visita hicimos un alto en el centro de esta ciudad y, desde la ventana de la confitería a la que fuimos, nos encontramos con la visión del costado de un altar en el que un obispo con cayado celebraba una misa popular. Queremos pedirle a Dios trabajo, nos dijo un cuidador de autos. Recordamos entonces otra etapa de la historia, desde 1962 a 1967, cuando era obispo Jerónimo Podestá. Él estimuló la experiencia de los sacerdotes obreros con acciones sostenidas que renovaron al clero. Se preocupó por difundir las orientaciones expresadas en la encíclica Populorum Progressio. Se identificó con los reclamos sociales y fue relevado de su cargo episcopal después del golpe de Onganía, en 1966, quién presionó para que lo sacaran.

La luna acompañó nuestras reflexiones tras tan intensas experiencias vividas; su luz sobre un cielo muy negro guió nuestra vuelta a casa.

 

Historias de amores y traiciones

 

Las siguientes visitas al Cementerio fueron abriendo la madeja de paraísos e infiernos creados en vida por hombres y mujeres de esta tierra. Sí, pudimos escucharlos, están allí resonando en la quietud del cementerio.

El monumento al primer médico residente de Lanús preside el patio central con una simple leyenda:

 Del pueblo de Avellaneda al Dr. Nicanor Basavilbaso, 1853-1907

La gratitud trasciende las palabras; Basavilbaso fue  también el gestor del Panteón de la Sociedad Argentina de Socorros Mutuos de Avellaneda que se  inauguró el 25 de Mayo de 1898 y que se levanta a espaldas de su estatua. Por aquel tiempo los trabajadores formaban redes de ayuda recíproca para hacer frente a sus penurias económicas; así se fueron agrupando  para darle sepultura a los pares con los que compartieron una vida basada en el esfuerzo y la perseverancia. No todas las sociedades del siglo pasado que se fundaron como cooperativas tuvieron fines tan nobles. La Sociedad Israelita de Socorros Mutuos Varsovia aprovechó esa finalidad social para realizar actividades delictivas dedicándose al negocio de la prostitución e instalaron el Primer Cementerio Judío en un predio ubicado frente al Cementerio Municipal de Avellaneda.

Otras historias oscuras se hacen presente durante nuestra recorrida. La bóveda de Alberto Barceló, el caudillo conservador de los años treinta, tiene en la cúpula una cruz caída; no nos resultó casual que esa cruz, imagen de amor y  humildad para los cristianos, se hubiera desprendido del techo que cubre la sepultura de este político sospechado de actos de corrupción y traición. A pocos metros, descansan los restos de Juan Ruggiero, conocido con el nombre de Ruggerito, guardaespaldas de Barceló, a quién enterraron como a un héroe dentro de un ataúd enchapado en plata. La crónica relata que se encontró con la muerte al salir de la casa de su amante y que fue asesinado por un ajuste de cuentas.

En este camposanto fueron también enterrados varios dirigentes sindicales locales. Rodolfo Walsh, escribió en los años sesenta, después de investigar estas muertes, su libro ¿Quién mató a Rosendo?. Allí cuenta que el dirigente de la UOM, Augusto Vandor y un grupo de matones iniciaron un tiroteo en la Confitería Real, de Mitre y Alsina e hicieron una masacre en la que no sólo murieron sindicalistas opuestos al vandorismo, sino también Rosendo García que pertenecía al grupo de Vandor y que se perfilaba como un cabecilla con vuelo propio. El resultado de la investigación  que realizó Rodolfo Walsh tiempo después de ocurrido este hecho, muestra que  los vandoristas iniciaron el fuego y  le pegaron un tiro por la espalda a Rosendo aunque lo llamaban compañero. La  Justicia alegó no contar con pruebas suficientes para hallar a los culpables de aquellas muertes y cerró el caso, dejándolo impune. Al día siguiente de esa masacre, las autoridades del cementerio tuvieron que organizar muy bien los entierros para evitar el enfrentamiento entre los dos grupos sindicales. El destino de los muertos de ambos grupos descansan sobre la misma tierra.

Pasan los años y continúan apareciendo más huellas de estos aspectos turbios de la historia. Estuvimos frente al nicho de José Luis Cabezas que fue muerto mientras cumplía su tarea de fotógrafo, cuando se acercó para captar con su cámara las mafiosas maniobras de Alfredo Yabrán y sus cómplices.

 

 

Después de acercarnos a estas imágenes de los infiernos, fuimos en busca de  otras que nos mostraran los paraísos. En el Osario General, destino de las cenizas de cientos de difuntos; hombres, mujeres y niños llevan flores y ofrecen rezos. Una nena nos dice bajito que siempre pone una flor a esos muertos que están en el osario y agrega: por si acaso, puede ser que a alguno, la familia no venga a visitarlo. 

La presencia del arte engalana a Avellaneda, se siente a través de los bellos poemas  de Alejandra Pizarnik, oriunda de este pueblo, y del cantar de Eladia Blázquez cuando entona Su corazón mirando al sur, como entrega de un pedacito de su infancia. La pintura y las esculturas están presentes en el Cementerio. 

Descubrimos dos murales que se encuentran en una galería; no tienen firma pero fueron adjudicados a Juan Carlos Castagnino y a Manuel Colmeiro. Sus obras fueron reconocidas recientemente y esperan recuperar el esplendor de sus colores, pues ya, el decreto que ordena su restauración ha sido aprobado.

Desde aquí, desde Avellaneda, ya se ven los primeros rayos del amanecer con la hinchada de Arsenal que sigue festejando el ascenso a Primera División y con el ruido de las fábricas que renacen como Cooperativas de Trabajadores.  En diciembre del 2002 Avellaneda festejó el triunfo de Independiente. La réplica de su cancha fue la primera imagen que vimos en el cementerio al iniciar nuestra visita, no imaginábamos que terminaría el año con Independiente campeón y que compartiríamos esta inmensa alegría de festejarlo junto a los amables anfitriones que nos acompañaron en este largo  camino.

    

 

 Avellaneda es una ciudad peculiar de nuestra Argentina, lo que ocurre en su acotado territorio, está ocurriendo en nuestra patria.

Nos ilumina la claridad del sol naciente que  promete una plenitud de paraíso y aunque queden retazos de sombras, guiados por nuestro corazón y con la labor perseverante de nuestras manos, podemos construirlo.

 

  

 
 

  adios@fibertel.com.ar

 

subir

 

 

 

 

 

 



 

Luca Prodan no ha muerto

por  Lila Bernárdez

 

        LUCA PRODAN   

Tres días antes de la Navidad, el 22 de diciembre de 1987, Luca Prodan fue encontrado muerto en la cama de una casa comunitaria de la calle Alsina, en el barrio de San Telmo. El Tano, o el Pelado, -como lo llamaban sus fans- tenía sólo 34 años y el 20 de diciembre, había presentado su último show al frente de su banda, en la cancha de Los Andes:

El último show de SUMO lo hicimos en una cancha de la zona Sur. Fue la noche anterior a la muerte de Luca. Esa noche no había mucha gente. Si sumaban en total quinientas personas, era mucho. Luca estaba muy flaco, pálido. Parecía un fósforo porque era pura pelada. Mirá lo que te digo, estaba más flaco que Pil (por Pil Trafa, vocalista de Los Violadores). Cuando entró, lo quiso hacer con una botella de ginebra. El tipo que estaba en la puerta no lo dejó pasar, entonces Luca se la dió a un chico de más o menos diez años para que se la escondiera debajo de la ropa. De esa forma, la botella de ginebra entró adelante del Pelado. El ambiente que había en camarines era el de un verdadero quilombo. Rompió un par de botellas y andaba a los gritos. Se lo veía realmente mal. Yo no vi el show, pero me contaron que no estuvo como siempre. Al día siguiente, cuando acompaño a un amigo a la Terminal de micros de Retiro, veo en las primeras páginas de Crónica, la noticia de la muerte de Luca, cosa que no me sorprendió, ya que por el estado en que lo había visto, era previsible... cuenta uno de sus compañeros.

 Nacido en Roma, en el seno de una familia de clase media alta, es enviado por sus padres a un colegio en Escocia, donde conoce a Timmy McKern, su amigo escocés-argentino que más tarde lo invitará a venir a vivir a Sudamérica. En 1970 se escapa del Internado y comienza a viajar por Europa, hasta que su madre lo encuentra, un año después, en las calles de Roma y lo hace volver a Inglaterra –Londres- en compañía de su hermano Andrea. Es ahí donde Luca tomará contacto con el rock sinfónico-punk y con el reggae jamaiquino.

Su primera internación, por un coma hepático, sucede en un hospital londinense, en 1977. Su vida intensa, dolorosa y difícil de soportar, marcada por el uso de la heroína, lo decide a cambiar de rumbo y viajar a la Argentina. En Córdoba, donde vive su compañero del colegio escocés con su mujer y sus hijas, conoce a Germán Daffunchio, cuñado de Timmy y, entre zapada y zapada, se va gestando SUMO. Luca vuelve a Londres, para vender su departamento, comprar equipos y regresar a radicarse en Argentina adonde llega, acompañado de Stephanie Nuttal, una baterista inglesa, que integrará a su banda.

Se instala en Hurlingham, y en febrero de 1982, SUMO hace su debut en Buenos Aires. Unos días antes, Luca se rapa la melena y se convierte definitivamente en el Pelado. Conquista al público más under de nuestro rock nacional, por su enorme carisma y su innovador talento musical. Su imagen poderosa despierta adhesiones y rechazos absolutos. Muchos cuentan que iba aprendiendo el castellano, con la letra de las canciones y la ayuda de su público y que su magnetismo personal era arrollador. El mito agrega que dejó la heroína en estas tierras, al cambiarla por la ginebra...

Dicen que Luca había soñado con esa casa donde lo encontró la Muerte, muchos años antes, en Londres, mientras estaba en coma. En esa triste Navidad de 1987, apareció en las paredes de los cien barrios porteños, un graffiti: Luca not dead, como testimonio del amor hacia el desaparecido ídolo del rock.

 

Y ahí empezó a gestarse el mito: muchos decían que Luca no había muerto sino que, harto de la incomprensión, se había ido a vivir lejos de la gran ciudad. Para otros, esas palabras pintadas en los muros significaban que su presencia y su obra seguirían vigentes más allá de la vida y de la muerte. Algunos lo comparan con Carlos Gardel y dicen que le cantó al Abasto como si fuera porteño. Relata su amigo Timmy: Le pasó lo mismo que a Gardel. Dejó una marca muy grande en mucha gente y fue pasando de unos a otros y a otros. Aquí en Traslasierra todavía se acercan pibes muy jóvenes para que les cuente alguna anécdota, vienen hasta acá en busca de no sé bien qué. Pero creo que les alcanza con resolver el enigma de cómo llegar. Una vez que conocieron el lugar es como que encontraron lo que querían.  

Dicen también que Luca estaba esperando que le pagaran sus derechos de autor, para internarse en una clínica en Entre Ríos y curarse del alcoholismo y que tampoco pudo concretar este deseo pues murió un día antes de cobrar en SADAIC.

Fue enterrado en el Cementerio de Avellaneda y su tumba se convirtió pronto en un lugar de peregrinaje o santuario. Sus seguidores, cientos de jóvenes, siguen depositando frente a la piedra donde está esculpida su cabeza, botellas de ginebra, flores y mensajes de adhesión o pedidos de ayuda.

 

Tumba de Luca Prodan

Foto: Gonzalo Moreno

 

Luca Prodan es el símbolo del artista que, desgarrado por sus emociones, enciende el fuego de su arte sobre el altar de los jóvenes, para expresar su rebeldía y sus anhelos. La llama de su vida, de tanta intensidad, así como vivió, se apaga. Pero el milagro de la música vuelve a encender su luz en nuestros corazones, cada vez que la escuchamos. 

 

Foto: Gonzalo Moreno   

 

  adios@fibertel.com.ar

 

 

subir

 

 

 

 

El cementerio oculto

por Máximo Ayora

En el año 1879 llegaron a la Argentina, los primeros inmigrantes judíos. Entre ellos  se encontraba un grupo de polacos, rumanos y rusos que se dedicaron al negocio de la prostitución con mujeres, en su mayoría polacas, que traían engañadas de Europa. Este grupo, con la promesa de casar a las muchachas con inmigrantes radicados en la Argentina, convencían a sus familias para que autorizaran el viaje. Llegaban en barco al Río de la Plata, en conjuntos de diez o doce. Desde Buenos Aires las distribuían al resto del país. Una vez aquí las remataban, y luego eran sometidas a ejercer la prostitución. Por su ocupación impura tanto los proxenetas como sus pupilas, fueron  rechazados por las organizaciones judías Ashkenazim. A raíz de esta situación, ellos decidieron tener sus instituciones propias: cementerio, sinagoga, rabinos, sede social. Eran los Tmeiim, en idish, impuros  o Caften, rufianes. Los Tmeiin adquirieron un terreno frente al Cementerio Municipal de Barracas al Sud, hoy Avellaneda, donde hicieron su propio cementerio.

Años más tarde, los marroquíes le compraron a los Tmeiin una gran parte de ese terreno y crearon el Cementerio Marroquí (ACILBA). Una de sus esquinas, dónde están las sepulturas de los Tmeiin, está hoy amurallada y quedó al cuidado de los marroquíes de Acilba que impidieron al equipo de Adiós, visitar las tumbas del viejo cementerio y tomar fotografías.

 La Sociedad Israelita de  Socorros Mutuos "Varsovia"  tramitó en 1906 la personería jurídica, luego consiguió la concesión de una  parcela de terreno y la autorización para hacer funcionar un cementerio, mediante una serie de espinosas tratativas.

 El rabino de la colectividad judía en Argentina se opuso a que los miembros de la Sociedad de cafishios entraran al templo pues los demás miembros de la colectividad los consideraban indeseables y no los admitían en su comunidad social.

Samuel Rosenzweig dirigía la organización delictiva y fue el inspirador de un personaje de la novela  Los siete locos de Roberto Arlt, publicada en la primavera de 1929. Ese mismo año, la Sociedad Varsovia se dividió: los rufianes de nacionalidad rusa y rumana se nuclearon bajo el nombre Asquenasum y los polacos en la Zwi Migdal. Estas organizaciones pudieron prosperar y obrar con casi total impunidad durante largos años porque gozaron de la protección de las autoridades y de los poderosos.

La Sociedad Zwi Migdal, compuesta por cinco mil socios, controlaba dos mil prostíbulos en los que trabajaban treinta mil mujeres. Los ahorros los depositaban en un Banco de la Sociedad; las operaciones y los depósitos que realizaban eran importantísimos.

Para asegurar su continuidad, los rufianes por medio de coimas y otras asociaciones proporcionaban grandes sumas de dinero a las autoridades de turno. El dinero y el poder se entrelazaban en este sucio negocio. Esto no impidió que la ex prostituta Raquel Liberman los denunciara ante un comisario que, fiel a su función, dio intervención a un juez incorrupto y lograron desbaratar la organización.

Acilba no nos permitió visitar el cementerio de los tmeiim. Al negarnos el acceso a las tumbas, perdimos algunos vestigios de estos episodios que forman parte de nuestra historia. Por eso tuve que recurrir a la literatura, y aquí les presento el material, semblanza de esta época y del pensamiento de la cabeza de este grupo que alcanzó tanta riqueza material.

Dicen que Roberto Arlt se reunía con Samuel Rosenzweig en la Confitería Las Violetas y que compuso el personaje de Arturo Haffner, el rufián melancólico, basándose en sus características. Este pasaje de su novela ilustra la idiosincrasia de este judío que compró a los funcionarios de turno y organizó esa sociedad con la fachada de una estructura legal, teniendo la previsión de dejar ocultas las huellas del negocio ilegal. Los personajes que dialogan en la cita abajo publicada son Remo Augusto Erdosain, cobrador de una compañía azucarera y el ex profesor de matemáticas Arturo Haffner, el rufián melancólico. convertido en proxeneta. Este último ha puesto a varias de sus pupilas a disposición de la sociedad secreta que concibe el Astrólogo para subvertir el orden y crear un mundo distinto. Piensan financiar la aventura, con los ingresos que les proporcionará una cadena de prostíbulos.

 

Haffner no cree en la revolución ni en nada, pero el aburrimiento lo ha llevado a  participar del proyecto.

Las opiniones del Rufián Melancólico, del libro Los siete locos de Roberto Arlt:      [...] Caminaban junto a los bardales, y en el dulce atardecer las palabras  del macró abrían un paréntesis de extrañeza en Erdosain. Comprendía que se encontraba junto a una vida sustancialmente distinta a la suya. Entonces, le preguntó:

 ­ ¿Y cómo se inició usted en la "vida"?

 ­ En ese tiempo era joven. Tenía veintitrés años y una cátedra de matemáticas. Porque yo soy profesor ­añadió orgullosamente Haffner­ profesor de matemáticas. Con mi cátedra iba viviendo, cuando en un prostíbulo de la calle Rincón encontré una noche a una francesita que me gustó. Hace de esto diez años. Precisamente en esos días había recibido una herencia de cinco mil pesos de un pariente. Lucienne me agradó, y le ofrecí que viniera a vivir conmigo. Tenía un cafishio, el Marsellés, un gigante brutal, a quien veía de vez en cuando. No sé si por la labia, o porque era lindo, el caso es que la mujer se enamoró, y una noche de tormenta, la saqué de la casa. Fue eso una novela. Nos fuimos a las sierras de Córdoba, después a Mar del Plata, y cuando los cinco mil pesos se terminaron, le dije: "Bueno, adiós idilio. Se terminó." Entonces ella me dijo: "No, mi querido, nosotros no nos separaremos más."

Ahora iban bajo las bóvedas de verdura, ramas entrelazadas y ábsides de tallos.

 ­ Yo estaba celoso. ¿Sabe usted lo que es estar celoso de una mujer que se acuesta con todos? ¿Y sabe usted la emoción del primer almuerzo que paga ella con la plata del mishé? ¿Se imagina la felicidad de comer con los tenedores cruzados, mientras el mozo los mira a usted y a ella sabiendo quiénes son? ¿Y el placer de salir a la calle con ella prendida de un brazo mientras los tiras lo relojean? ¿Y ver que ella, que se  acuesta con tantos hombres, lo prefiere a usted, únicamente a usted? Eso es muy lindo, amigo, cuando se hace la carrera. Y ella es la que se preocupa de que usted consiga otra mujer para que la explote, ella es la que la trae a su casa diciendo: "vamos a ser cuñadas", ella es la que varea a la primeriza para que levante únicamente viajes para usted, y cuanto más tímido y vergonzoso es usted, más goza ella en destruir sus escrúpulos, en hundirlo en su basura, y de pronto... cuando menos se acuerda se encuentra enterrado hasta los pelos en el barro... y entonces hay que bailar. Y mientras la mujer está metida hay que aprovechar, porque un día le da una viaraza, enloquece por otro, y con la misma inconsciencia con que lo siguió a usted se sacrifica de nuevo. Me dirá usted: ¿para qué necesita una mujer un hombre? Más, desde ya le diré: Ningún dueño de prostíbulo va a tratar con una mujer. Con quien trata es con su "marlu".

El cafishio le da a una mujer tranquilidad para ejercer su vida. Los tiras  no la molestan. Si cae presa, él la saca; si está enferma, él la lleva a  un sanatorio y la hace cuidar, y le evita líos y mil cosas fantásticas.

Vea, mujer que en el ambiente trabaja por su cuenta termina siendo siempre víctima de un asalto, una estafa o un atropello bárbaro. En cambio, mujer que tiene un hombre trabaja tranquila, sosegada, nadie se mete con ella y todos la respetan. Y ya que ella, por un motivo o por otro, eligió su vida, es lógico que por su dinero pueda darse la felicidad que necesita.

Claro, para usted todo esto es nuevo, pero ya se va a ir haciendo. Y si no, dígame: ¿cómo explicar que haya fioca que tenga hasta siete mujeres? El tano Repollo llegó en sus buenos tiempos a tener once mujeres. El gallego Julio, ocho. No hay francés casi que no tenga tres mujeres. Y ellas se conocen, y no sólo se conocen, si no que saben vivir juntas y  rivalizan en quién le da más, porque es un orgullo ser la preferida de un hombre que los sosiega a los pesquisa más prepotentes de una sola mirada. Y pobrecitas, son tan locas, que uno no sabe si compadecerlas o romperles la cabeza de un palo.

Erdosain se sentía anonadado por el desprecio formidable que ese hombre revelaba hacia las mujeres. Y recordaba que en otra oportunidad el Astrólogo le había dicho: "El Rufián Melancólico es un tipo que al ver una mujer lo primero que piensa es esto: Ésta, en la calle, rendiría diez o veinte pesos. Nada más."

Y ahora sintió Erdosain que el hombre le repugnaba. Para cambiar de conversación, dijo:

 ­ Dígame... ¿Usted cree en el éxito de la empresa del Astrólogo?

 ­ No.

 ­ ¿Y él sabe que usted no cree?

 ­ Sí.

 ­ ¿Y por qué usted lo acompaña?

 ­ Yo lo acompaño relativamente, y de aburrido que estoy. Ya que la vida no tiene ningún sentido, es igual seguir cualquier corriente.

 ­ ¿Para usted la vida no tiene ningún sentido?

 ­ Absolutamente ninguno. He organizado toda mi vida como la de un  industrial. Todos los días me acuesto a las doce y me levanto a las nueve de la mañana. Hago una hora de ejercicio, me baño, leo los diarios, almuerzo, duermo una siesta, a las seis tomo el vermut y voy a lo del peluquero, a las ocho ceno, después salgo al café, y dentro de dos años, cuando tenga doscientos mil pesos, me retiraré del oficio para vivir definitivamente de mis rentas.

­ Y en realidad, ¿cuál va a ser su intervención en la sociedad del Astrólogo?

­ Si el Astrólogo consigue dinero, guiarlo en la junta de mujeres y en la instalación del prostíbulo.

­ Pero usted, en su interior, ¿qué piensa del Astrólogo?

- Que es un maniático que puede o no tener éxito.

­ Pero sus ideas...

­ Algunas son embrolladas, otras claras, y francamente, no sé hasta donde quiere apuntar ese hombre. Unas veces usted cree estar oyendo a un reaccionario, otras a un rojo, y, a decir verdad, me parece que ni él mismo sabe lo que quiere.

[...]

Haffner se volvió rápidamente, midió de una mirada a Erdosain como extrañado por los términos de éste, y luego, sonriendo burlonamente, agregó:

­ Yo no estoy en ninguna posición. Entiéndame bien. A mí no me perjudica ayudar al Astrólogo. Lo demás, sus teorías, las tomo como a cuenta de conversación. Él es para mí un amigo que piensa instalar un negocio, previsto y tolerado por nuestras leyes. Eso es todo. Ahora, que el dinero que él gane con ese negocio lo invierta en una sociedad secreta o en un convento de monjas, personalmente no me interesa. Ya ve usted que mi actuación en la famosa sociedad no puede ser más inocente.

­ ¿Y a usted le resulta lógico pensar que una sociedad revolucionaria se base en la explotación del vicio de la mujer?

El Rufián frunció los labios. Luego, mirando de reojo a Erdosain, se explicó:

­ Lo que usted dice no tiene sentido. La sociedad actual se basa en la explotación del hombre, de la mujer, y del niño. Vaya, si quiere tener consciencia de los que es la explotación capitalista, vaya a las fundiciones de hierro de Avellaneda, a los frigoríficos y a las fábricas de vidrio, manufactura de fósforos y tabaco, reía desagradablemente al decir estas cosas. Nosotros, los hombres del ambiente, tenemos una o dos mujeres; ellos, los industriales, a una multitud de seres humanos. ¿Cómo hay que llamarles a esos hombres? ¿Y quién es más desalmado, el dueño de un prostíbulo o la sociedad de accionistas de una empresa? Y sin ir más lejos, ¿no le exigían a usted que fuera honrado con un sueldo de cien pesos y llevando diez mil en la cartera?

En este fragmento, Roberto Arlt, transmite maravillosamente el pensamiento de los personajes que se asemejan con notable fidelidad, no sólo a los cafishios que yacen con toda su historia en el cementerio oculto de Avellaneda, sino también  a algunos funcionarios y ciudadanos de nuestra más reciente historia que hicieron de la corrupción su fuente de vida. Los que prefieren obviar las acciones públicas más oscuras o esconder aquellos lugares que clarifican lo ocurrido en el pasado, actúan como escollos ante ese sueño de muchos argentinos, el de los que quieren construir un país luminoso.

 

 adios@fibertel.com.ar

 

subir

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No sé ni el día ni la hora

por David Díaz Rodríguez*

 

Día a día una gran cantidad de seres humanos se enfrentan a lo inevitable, la hora de morir. Hay seres que anticipan concientemente el ocaso de la vida, y no se si llamarlos afortunados, en comparación con los que mueren sin saberlo en un accidente repentino, o cualquier otra circunstancia. Lo cierto es que llegamos al final del ciclo existencial en diferentes estados emocionales, psíquicos, espirituales y existenciales; muchas veces con un estremecedor desbalance entre satisfacciones e insatisfacciones.

Para millones de personas el anuncio o presentimiento de la cercanía del acontecimiento de morir -la hora de la verdad- es una sorpresa; para otros es como un episodio de la comedia americana Seinfeld, en la que el personaje que representa el cartero, Newman, comete un delito, y cuando la policía llega a su casa para atraparlo, dice - ¿What took you so long? (¿Por qué tardaron tanto?).

Visiones de la muerte hay muchas. Dentro de la cultura cristiana, la vida en la tierra es una y se extiende hacia la relativa eternidad del castigo representado por el infierno, o la gloria representada por el cielo. En la interpretación de muchas creencias orientales, hoy popularizadas en occidente, la vida es una sucesión de reencarnaciones; el alma utiliza el cuerpo para realizar un aprendizaje o misión, y si necesita volver para realizar algo que quedó inconcluso, regresa. Aunque aparentemente estas dos visiones no tienen puntos de coincidencia, me parece que sí existe algo en común: sea que regresemos en re-encarnaciones o no, esta vida, la presente, es una, y en consecuencia hay que aprovecharla al máximo.

Me he preguntado muchas veces: ¿Cuando me llegue la muerte, seré sorprendido? Y quizás por mi naturaleza perfeccionista, característica de todo Virgo, me gustaría controlar el proceso, que ella sea a mi modo; quizás anticiparla -para prepararme-, con más exactitud y precisión que la narrada por el padre del gnosticismo contemporáneo, Aum Weor, en uno de sus controversiales libros. Dice la leyenda que un iluminado anunció su muerte, precisó el día y el punto cardinal del planeta donde la recibiría. Muchos fueron a presenciar el acontecimiento; pero la muerte no ocurrió. Hubo entonces una segunda y tercera predicciones, ambas en vano. A la cuarta, la multitud ya incrédula, no concurrió; y fue entonces cuando la predicción fue certera. 

Cuando llegue mi partida, no la anunciaré, por razones obvias, tal vez por falta de visión interna, o de una intuición que me señale con exactitud el día y la hora. Sin embargo, pienso con frecuencia que morir es algo inevitable, y en consecuencia no me gustaría esperar la proximidad del último aliento para expresar las cosas que lamento, y quizás las que me llenaron de las más grandes satisfacciones.

Quizás mi testimonio más trascendente ,y esto no sé si tendrá algún valor para el lector, es decir que en el universo de mis limitaciones he aprendido a encontrar felicidad en cosas insignificantes; a cantar, a vislumbrar consuelo en mi tristeza y a reír. Creo que moriré en la abundancia de la espontaneidad que me ha caracterizado desde siempre, pero con la insatisfacción de que hubiese querido ser un ser lleno de virtudes, para cambiar el destino de mi entorno, incluyendo el sufrimiento de quienes vi sufrir sin poder evitarlo.

Si hoy fuera mi último día para disfrutar el privilegio de la vida, tal vez sería un tonto, y en vez de pensar en todo lo bueno que viví, lamentaría...

No haber tenido mis sentidos más entrenados para apreciar con mayor intensidad la grandeza de la naturaleza, quizás debí respirar el aire con más tranquilidad, observar el cielo más detenidamente y caminar más por la playa en las noches oscuras.

No haber sido uno de esos espíritus libres que van de país en país, conociendo gentes y culturas; y llegan al final del camino con una amplia visión del planeta y la humanidad en que vivieron.

No llegar a ver el mundo que soñé: Nací en la guerra y muero en un mundo plagado de conflictos entre naciones. 

Ver que aun en nuestro mundo, enfermos y hambrientos padecen sin recibir ayuda. 

No llegar a ver un avance real ni trascendente en la política y en el sistema educativo de Latinoamérica. Haber sido testigo, junto a los millones que observamos el acontecer de nuestro continente, de tanta vanidad, falsedad e inmoralidad en nuestros dirigentes.

Que los amigos que recogí en el caminar de la vida no fueron tan solidarios como yo lo fui con ellos; creo que respeté la diversidad de sus ideales, más de lo que ellos respetaron los míos. Mas no guardo rencores, ni mucho menos partiré al otro lado del puente con la sensación de tener cuentas pendientes.

No me arrepiento de los caminos que recorrí en la búsqueda de la verdad, ni de las decisiones que tomé, en la vida uno siempre actúa a la altura de la cultura y conocimientos adquiridos. No puedo juzgar ni condenar mi pasado basado en lo que hoy sé. En mi conciencia tengo, sin embargo, la satisfacción de que nunca  he ocasionado mal a nadie, intencionalmente. No obstante, si esto hubiese sucedido, tendría el valor de perdonarme y enfrentar el reclamo de mi propia conciencia.

Lamento saber que la exigencia con la que me traté a mi mismo no fue suficiente, o mejor dicho, necesaria, para convertirme en lo que soy, y aprender lo que aprendí: La vida me enseñó que ser uno más es el mejor de los privilegios y que no es vergonzoso tener el mismo status de nuestros semejantes. No me interesa ese orgullo que atormenta a muchos seres inteligentes, el de ser más y más, sin importar los medios ni las consecuencias.

Lamento no haber tenido el valor de decir te quiero a la gente que sé que me quisieron, y tal vez nunca sabrán lo mucho que las amé. 

...Pero aun estoy vivo, pienso, y como no sé ni el día ni la hora de mi partida, es tiempo de dejar las lamentaciones a un lado y trabajar en la realización de lo pendiente, en este andar por la vida: Despierta David, Despierta!

 

*David Díaz Rodríguez es el Director Ejecutivo de Revista Digital y el Fundador de la Sociedad Internacional de Valores Humanos y Libre Pensamiento. En Nueva York, fue director del programa de televisión: Lo Interesante.  Obras de su autoría publicadas: Camino, El libro de los Aforismos y Psicología Iniciática.                                   

Experiencia profesional:  AT&T, Administrador de Operaciones, Andersen Consulting,

Analista de Finanzas, PricewaterhouseCoopers, Team Leader.

 

subir

 

 

 

 

 

 

 

 

 


El Corazón al sur

 

 

Entrevista a Eladia Blázquez*

Texto: Mercedes Falcón
 

 

 

Hablar con Eladia es escuchar la voz entrañable de Buenos Aires, con melodías de tango y ese tono irónico pero repleto de ternura que caracteriza a nuestra canción ciudadana. Pero no hay nostalgia en ella, a la manera de nuestros tangueros varones, sino recuerdos vivos, llenos de gentes, perfumes y sabores... Y digo que no hay nostalgia pues esas memorias no son una excusa para instalarse en el pasado, añorándolo como algo irrecuperable que no volverá, sino que la motivan para imaginar un futuro mejor, desde este presente que tanto nos duele a los argentinos. Le pedimos que nos hablara de su ciudad: Avellaneda, ese lugar donde nació y donde floreció su vocación musical como pianista, guitarrista y cantante, primero y luego como autora y compositora. Escuchemos su voz...

Cuando estoy lejos y pienso en Avellaneda, la primera imagen que me aparece es la casa paterna, por supuesto. Nací y viví la mayor parte de mi vida en ese barrio, y son muchos los recuerdos que me vinculan a él, a tal punto que mi  tema El corazón  al sur, no es más que un relato de mi propia vida, en donde no están ausentes ni los viejos, ni las cosas queridas. Necesité la perspectiva del tiempo y la distancia, para poder escribirla, por eso siempre será mi canción más sentida.

Los instrumentos musicales, primero fueron de juguete, y luego fue una guitarra y un piano en serio, que convertí en profesión con la ayuda de mis padres. El primer lugar donde canté, fue en la casa del médico del barrio, que tenía una propiedad importante de dos plantas (al lado de la nuestra que era modesta). Una noche, un tío bohemio y guitarrero, amigo  del Dr. Reybaltar -que de él se trataba- me sacó de la cama (yo tenía seis años), para llevarme a cantar un par de tangos de Gardel. Papá dijo, déja a la niña que no va a ser artista... Y se dio al revés. Tal vez fue más bueno que visionario. Mis ancestros españoles, marcaron después el camino de ese género que cultivé durante bastante tiempo.

Los olores que se mezclan en mi recuerdo, son diversos. ¡Algunos lindos y otros no tanto! Entre los no tanto, podría estar el olor del riachuelo que había que pasar indefectiblemente, para ir al centro y que era un gran presagiante de lluvia... En cambio, el olor a jazmín del jardín de mi madre es imborrable. Tanto como ese olor que se desprendía de la olla de mi abuela, cuando por tradición y en cada Navidad, hacía el potaje de bacalao para toda la familia (Granadina, mi abuela). La diferencia era que aquí era verano, y esa comida estaba pensada para el invierno de Europa. Fuimos una familia unida y respetuosa de muchas tradiciones. Tal vez, más que objetos o formas eso es lo que más recuerdo, los valores morales que los mayores nos inculcaron.

 

Siempre dije que la gente de Avellaneda es buena y lo sostengo; aunque los tiempos hayan cambiado bastante. Los barrios, comúnmente, son abiertos a la solidaridad porque la convivencia es más estrecha, el vecino siempre está cerca y por lo menos, en mi adolescencia, se vivía muy de puertas abiertas. Cuando le sucedía algo a cualquiera, el enjambre se ponía en movimiento para ver de qué manera se podía ayudar al otro. Hoy también, la solidaridad en medio de tanta crisis y malaria, está muy presente en los lugares en donde más se necesita. Y curiosamente, la ayuda, casi siempre viene de los sectores más humildes.

Viendo a Avellaneda desde hoy, me duele comprobar cómo la empobrecieron... ¡Igual que al país! Yo recuerdo una Avellaneda pujante, llena de fábricas, con sus frigoríficos, sus lanas, sus cueros, la plena ocupación de la gente, la dignidad del trabajo (Pellegrini dijo: Sin industrias, no hay Nación...) ¡Y no la hay! Pero como siempre me negaré a ser pesimista, todavía sueño con un despertar de la nacionalidad y volver a ver las fábricas humeantes.

Lo que perdió Avellaneda- en todo caso- es lo que perdió el país y que debemos saber recuperar. Pero lo que siempre conservará el pueblo, es su buen corazón y ese lugar especial para los afectos.

Cuando perdí a mi última tía, que había vivido siempre en ese barrio, y en esa su casa, no olvidaré nunca a la gente apiñada a lo largo de la cuadra, para despedirla. Eran racimos humanos, demostrando con su silencio respetuoso y sus lágrimas, que no se pasa tan fugazmente por la vida, cuando se dejan huellas de cariño y buenos recuerdos... La vida puede ser fugaz y a veces breve, pero lo que sembramos, siempre dejará una semilla en los otros... Lo importante es lograr que ese paso sí, si se puede, sea inolvidable.

 

Mi declaración de amor por  Avellaneda, quedó patentizada en un tango. Lo demás, lo que tiene que ver con la gente, eso va dentro de mí...  Y forma parte de un merecido y venerable reposo en el siempre transitado cementerio de Avellaneda, donde está la mayor cantidad de mis seres queridos.

Hay una sola cosa que quisiera agregar, Si la vida finalmente, no es más que una sucesión de hechos, que nos llevará ineludiblemente a ese lugar, en donde todos somos iguales, ¿Por qué... no tratar de que este mundo sea más igual, más parejo, más justo? ¿Por qué no contribuir a que la vida de nuestros semejantes sea digna, para que también la muerte lo sea?

Me preocupan los jóvenes que son el mañana...

A los que tienen la responsabilidad de conducir en cualquier campo que sea,, les pido una mirada atenta. En estos últimos años vi perderse muchas criaturas por la droga... Ahí en esa querida Avellaneda, chicos que yo quise y conocí... Si no cuidamos esto, no habrá futuro y yo deseo el mejor futuro para Avellaneda y para mi país.

 

* Eladia Blázquez es autora y compositora de temas inolvidables como: A Cátulo Castillo, A  un semejante, Honrar la vida, Mi ciudad y mi gente, Argentina primer mundo, Con las alas del alma, Sueños de barrilete, Somos como somos, etc. y de la letra del Adiós Nonino de Astor Piazzolla.

 

adios@fibertel.com.ar

 

 

 

 subir