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AVELLANEDA, un nuevo amanecer
por Cristina
Falcón
Fotos: Gonzalo Moreno
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Se hizo la noche. La
oscuridad ocultó la alegría de los días prósperos y la pobreza
comenzó a extenderse por las calles de nuestra Argentina. Nos
encaminamos a Avellaneda, un símbolo de producción en tiempos de
siembra y fuimos hasta el cementerio; allí descubrimos la historia
del trabajo y el delito, del amor y la violencia, del arte y el
deporte, de la vida ostentosa y de la humilde, de las convicciones y
los sentimientos religiosos, políticos y familiares.
Desde el silencio y la
paz del cementerio retrocedimos a olvidadas épocas del pasado y
reconstruimos algunos fragmentos de
nuestra historia nacional. El pueblo
de Avellaneda es una muestra, en pequeña |
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Estatua Dr. Nicanor Basavilbaso | |
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escala, de la gente
que habita nuestras tierras.
Visitamos
el cementerio el primero de mayo, Día de los trabajadores. Nuestro ánimo
se hizo eco del contraste entre esa pujante tierra que habilitó su
necrópolis en 1876 y se volcó al desarrollo de su ciudad industrial,
y ésta que hoy ostenta uno de los mayores índices de desocupación del Gran
Buenos Aires. Nos
detuvimos frente a una tumba y abrimos nuestro corazón.
Muertes jóvenes
Lita arreglaba la lápida de
una tumba; al acercarnos vimos que era una réplica en miniatura de la
cancha de fútbol de “los rojos” de Avellaneda. Comenzó a hablar de su hijo
que estaba allí sepultado, con una profunda mirada de tristeza y
serenidad:

David tenía 15 años y estaba en la barra brava de Independiente. Mi hija y
yo lo seguíamos por todas partes para cuidarlo. Yo le decía que no se
metiera en cosas malas. Ese día se fue con otros chicos y quisieron robar
un auto. Los sorprendió la policía y a David, le pegaron un tiro por la
espalda. Era un chico de buenos sentimientos, no tenía necesidad de ir a
robar. Algunas veces lo sueño, los primeros días sólo le veía la cara,
pero ayer lo soñé, tal como era. Era muy lindo, medía un metro ochenta.
¿Saben lo que me decía en el sueño?: “Mamá, no vengas tanto al cementerio,
tenés que caminar mucho y te duelen las rodillas, no es necesario que te
canses tanto”. Me acompañó todo el camino hasta la salida del cementerio.
Lo vi tan claro que parecía real.
Laura, la
hermana de David no participó de la conversación. Cuando nos
estábamos por retirar llegó un grupo de muchachos: eran los amigos de
David y venían a visitarlo. Con un beso saludaron a la mamá; nos dolió
compartir la pena de esa familia y de esos chicos que aquella tardecita
soleada de día feriado quisieron estar allí.
En otro
sector, un grupo de jóvenes de alrededor de 18 años ponía flores en la
tumba de Mariano, un joven hincha de Racing, otro importante club de fútbol de la
zona. Dos canchas bajo un mismo cielo. Esa pasión que comienza en el
potrero y se inscribe en el alma de la hinchada también está presente en
la piedra del sepulcro.
Nos
resultó muy llamativa la predominante concurrencia de jóvenes.
Habitualmente cuando recorremos otros cementerios, los visitantes son
personas de edad avanzada.
Nos
sentimos profundamente conmovidas al presenciar estas escenas que
mostraban la frágil supervivencia de nuestros muchachos y esa sensación se
fue reproduciendo al encontrar otras huellas de muertes trágicas, algunas
invisibles a los ojos aunque imborrables para la memoria, como las tumbas
NN que descubrió en 1990, el Equipo Argentino de Antropología Forense,
excavando en un predio cubierto de yuyos, donde hallaron once esqueletos
de jóvenes desaparecidos en los años de la dictadura militar, que habían
sido asesinados brutalmente durante ese proceso tan oscuro de nuestra
historia.
Registramos asimismo muertes de chicos asesinados por las Fuerzas
Policiales, como la de Leandro Bazán, muerto a los 13 años por la bala
asesina de un cabo.
Nos
enfrentarnos también con otras dolorosas muertes causadas por el alcohol,
por sobredosis de droga o por accidentes, como la del boxeador José María
Gatica que murió bajo las ruedas de un colectivo o como la del ídolo
rockero Luca Prodan.
Lamentablemente el dolor no cesa. El veintiséis de junio del año pasado, Avellaneda
volvió a convertirse en escenario de otras inquietantes muertes:
Maximiliano Kosteki (22 años) y Darío Santillán (21 años), dos jóvenes del
Movimiento de Trabajadores Desocupados que fueron fusilados por
oficiales de la policía bonaerense, cuando volvían de un piquete en el
Puente Pueyrredón. El lugar del asesinato: la estación Avellaneda.
Una luz de esperanza se
enciende y se apaga

Busto de Evita
Yo estaré para que sigan
adelante / por el camino de la justicia y la libertad / hasta que llegue
el día maravilloso de los pueblos.

El mensaje es una frase de
Evita grabada en una placa, ubicada en la entrada
principal del Cementerio. Ese horizonte de esperanza, que la oración
señala, se ha visto ennegrecido muchas veces por la injusticia y la
traición aunque también se renueva cotidianamente con el amor y los
valores humanos que posee la gente de este pueblo tan singular.
Encontramos en nuestro recorrido distintas aristas de nuestra misteriosa
humanidad. Las redes comunitarias, las relaciones familiares, la expresión
de sus
posturas religiosas, sus
inclinaciones políticas, sus pasiones deportivas, las vocaciones, las
posiciones sociales, el poderío económico.
Se distinguen en el Cementerio tres sectores que corresponden a la
situación socio-económica de las familias y a su forma peculiar de venerar
a sus difuntos.

El sector popular entierra a sus muertos y honra el lugar de la sepultura;
muchos eligen construir casitas de colores sobre la tumba.
Un cuidador nos cuenta que la casita del sector que tiene una terraza, una
escalera y otros detalles de cálida ternura fue construida por dos hijos
para homenajear a su madre porque no llegaron a cumplir el deseo de
construirle una vivienda en vida.
El sector medio de esta población se encuentra mayoritariamente en nichos.
Tras los cristales, vimos que los ornamentos en celeste y blanco, se
repetían a cada paso; lo primero que se nos ocurrió fue pensar en la
bandera: ¿tan patriotas serán en Avellaneda? De pronto descubrimos el
verdadero significado: ¡celeste y blanco son los colores de Racing! Cada
recinto es una muestra de amor; cubre-ataúdes de satén con puntillas, fotos
delicadamente enmarcadas, dibujos de niños o muñecos dedicados a padres y
abuelos, placas de bronce con inscripciones que expresan cariño a través
de breves frases como: ¡Siempre estarás con
nosotros!
Los más
pudientes tienen sus bóvedas. Los mausoleos más antiguos del Cementerio
pertenecen mayoritariamente a familias con apellido vasco como la de
Pedro Etchegaray del año 1876 y la
de Manuel
de Estévez de 1878; esta última familia no sólo alberga los restos de sus
parientes sino también los de sus servidores.
La cruz
está presente en casi todas las bóvedas y otras imágenes religiosas
aparecen forjadas en las puertas de acceso. La Capilla de Cristo
Resucitado está en la entrada del Cementerio y allí hay un sacerdote que
celebra una misa, los 4º domingos, e invita a los familiares de todos los
difuntos del mes. Despertó mucha curiosidad la celebración de un
casamiento en esta capilla que fue noticia hace varios meses.

Al concluir nuestra primera visita hicimos un alto en el centro de esta
ciudad y, desde la ventana de la confitería a la que fuimos, nos encontramos
con la visión del costado de un altar en el que un obispo con cayado
celebraba una misa popular. Queremos pedirle a Dios
trabajo, nos dijo un
cuidador de autos. Recordamos entonces otra etapa de la historia, desde
1962 a 1967, cuando era obispo Jerónimo Podestá. Él estimuló la
experiencia de los sacerdotes obreros con acciones sostenidas que
renovaron al clero. Se preocupó por difundir las orientaciones expresadas
en la encíclica Populorum Progressio. Se identificó con los reclamos
sociales y fue relevado de su cargo episcopal después del golpe de Onganía,
en 1966, quién presionó para que lo sacaran.
La luna acompañó nuestras reflexiones tras tan intensas experiencias
vividas; su luz sobre un cielo muy negro guió nuestra vuelta a casa.
Historias de amores y
traiciones
Las siguientes visitas al Cementerio fueron abriendo la madeja de paraísos
e infiernos creados en vida por hombres y mujeres de esta tierra. Sí,
pudimos escucharlos, están allí resonando en la quietud del cementerio.
El monumento al primer médico residente de Lanús preside el patio central
con una simple leyenda:
Del pueblo de
Avellaneda al Dr. Nicanor Basavilbaso, 1853-1907
La gratitud trasciende las palabras; Basavilbaso fue también el gestor
del Panteón de la Sociedad Argentina de Socorros
Mutuos de Avellaneda que
se inauguró el 25 de Mayo de 1898 y que se levanta a espaldas de su
estatua. Por aquel tiempo los trabajadores formaban redes de ayuda
recíproca para hacer frente a sus penurias económicas; así se fueron
agrupando para darle sepultura a los pares con los que compartieron una
vida basada en el esfuerzo y la perseverancia.
No todas las sociedades
del siglo pasado que se fundaron como cooperativas tuvieron fines tan
nobles. La Sociedad Israelita de Socorros
Mutuos Varsovia aprovechó esa
finalidad social para realizar actividades delictivas dedicándose al
negocio de la prostitución e instalaron el Primer Cementerio Judío
en un predio ubicado frente al Cementerio Municipal de Avellaneda.
Otras historias oscuras se hacen presente durante nuestra recorrida. La
bóveda de Alberto Barceló, el caudillo conservador de los años treinta,
tiene en la cúpula una cruz caída; no nos resultó casual que esa cruz,
imagen de amor y humildad para los cristianos, se hubiera desprendido del
techo que cubre la sepultura de este político sospechado de actos de
corrupción y traición. A pocos metros, descansan los restos de Juan
Ruggiero, conocido con el nombre de Ruggerito, guardaespaldas de Barceló,
a quién enterraron como a un héroe dentro de un ataúd enchapado en plata.
La crónica relata que se encontró con la muerte al salir de la casa de su
amante y que fue asesinado por un ajuste de cuentas.
En este camposanto
fueron también enterrados varios dirigentes sindicales locales. Rodolfo
Walsh, escribió en los años sesenta, después de investigar
estas muertes, su libro ¿Quién mató a Rosendo?.
Allí cuenta que el dirigente de la UOM,
Augusto Vandor y un grupo de matones iniciaron un tiroteo en la Confitería
Real, de Mitre y Alsina e hicieron una masacre en la que no sólo murieron
sindicalistas opuestos al vandorismo, sino también Rosendo García que
pertenecía al grupo de Vandor y que se perfilaba como un cabecilla con
vuelo propio. El resultado de la investigación que realizó Rodolfo Walsh
tiempo después de ocurrido este hecho, muestra que los vandoristas
iniciaron el fuego y le pegaron un tiro por la espalda a Rosendo aunque
lo llamaban compañero. La Justicia alegó no contar con pruebas
suficientes para hallar a los culpables de aquellas muertes y cerró el
caso, dejándolo impune. Al día siguiente de esa masacre, las autoridades
del cementerio tuvieron que organizar muy bien los entierros para evitar
el enfrentamiento entre los dos grupos sindicales. El destino de los
muertos de ambos grupos descansan sobre la misma tierra.
Pasan los años y continúan
apareciendo más huellas de estos aspectos turbios de la historia. Estuvimos
frente al nicho de José Luis Cabezas que fue muerto mientras cumplía su
tarea de fotógrafo, cuando se acercó para captar con su cámara las
mafiosas maniobras de Alfredo Yabrán y sus cómplices.

Después de acercarnos a
estas imágenes de los infiernos, fuimos en busca de otras que nos
mostraran los paraísos. En el Osario General, destino de las cenizas de
cientos de difuntos; hombres, mujeres y niños llevan flores y ofrecen
rezos. Una nena nos dice bajito que siempre pone una flor a esos muertos
que están en el osario y agrega: por si acaso, puede ser que a alguno,
la familia no venga a visitarlo.
La presencia del arte
engalana a Avellaneda, se siente a través de los bellos poemas de
Alejandra Pizarnik, oriunda de este pueblo, y del cantar de
Eladia Blázquez cuando entona Su corazón mirando al sur, como
entrega de un pedacito de su infancia. La pintura y las esculturas están presentes en
el Cementerio.

Descubrimos dos murales que se encuentran en una galería;
no tienen firma pero fueron adjudicados a Juan Carlos Castagnino y a
Manuel Colmeiro. Sus obras fueron reconocidas recientemente y
esperan recuperar el esplendor de sus colores, pues ya, el decreto que
ordena su restauración ha sido aprobado.
Desde aquí, desde
Avellaneda, ya se ven los primeros rayos del amanecer con la hinchada de
Arsenal que sigue festejando el ascenso a Primera División y con el ruido de las
fábricas que renacen como Cooperativas de Trabajadores. En
diciembre del 2002 Avellaneda festejó el triunfo de Independiente. La
réplica de su cancha fue la primera imagen que vimos en el cementerio al
iniciar nuestra visita, no imaginábamos que terminaría el año con
Independiente campeón y que compartiríamos esta inmensa alegría de
festejarlo junto a los amables anfitriones que nos acompañaron en este
largo camino.

Avellaneda es una
ciudad peculiar de nuestra Argentina,
lo que ocurre en su acotado territorio, está ocurriendo en nuestra patria.
Nos ilumina la claridad del
sol naciente que promete una plenitud de paraíso y aunque queden retazos
de sombras, guiados por nuestro corazón y con la labor perseverante de
nuestras manos, podemos construirlo.
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Luca
Prodan no ha muerto
por Lila
Bernárdez
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LUCA
PRODAN | |
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Tres días antes de la Navidad, el 22 de
diciembre de 1987, Luca Prodan fue encontrado muerto en la
cama de una casa comunitaria de la calle Alsina, en el barrio
de San Telmo. El Tano, o el Pelado, -como lo llamaban sus fans-
tenía sólo 34 años y el 20 de diciembre, había presentado su
último show al frente de su banda, en la cancha de Los Andes: |
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El último show de SUMO lo hicimos en una
cancha de la zona Sur. Fue la noche anterior a la muerte de
Luca. Esa noche no había mucha gente. Si sumaban en total
quinientas personas, era mucho. Luca estaba muy flaco, pálido.
Parecía un fósforo porque era pura pelada. Mirá lo que te
digo, estaba más flaco que Pil (por Pil Trafa, vocalista de
Los Violadores). Cuando entró, lo quiso hacer con una botella
de ginebra. El tipo que estaba en la puerta no lo dejó pasar,
entonces Luca se la dió a un chico de más o menos diez años
para que se la escondiera debajo de la ropa. De esa forma, la
botella de ginebra entró adelante del Pelado. El ambiente que
había en camarines era el de un verdadero quilombo. Rompió un
par de botellas y andaba a los gritos. Se lo veía realmente
mal. Yo no vi el show, pero me contaron que no estuvo como
siempre. Al día siguiente, cuando acompaño a un amigo a la
Terminal de micros de Retiro, veo en las primeras páginas de
Crónica,
la noticia de la muerte de Luca, cosa que no me sorprendió, ya
que por el estado en que lo había visto, era previsible...
cuenta
uno de sus compañeros.
Nacido
en Roma, en el seno de una familia de clase media alta, es
enviado por sus padres a un colegio en Escocia, donde conoce a
Timmy McKern, su amigo escocés-argentino que más tarde lo
invitará a venir a vivir a Sudamérica. En 1970 se escapa del
Internado y comienza a viajar por Europa, hasta que su madre
lo encuentra, un año después, en las calles de Roma y lo hace
volver a Inglaterra –Londres- en compañía de su hermano
Andrea. Es ahí donde Luca tomará contacto con el rock
sinfónico-punk y con el reggae jamaiquino.
Su primera internación, por un coma hepático, sucede en un
hospital londinense, en 1977. Su vida intensa, dolorosa y
difícil de soportar, marcada por el uso de la heroína, lo
decide a cambiar de rumbo y viajar a la Argentina. En Córdoba,
donde vive su compañero del colegio escocés con su mujer y sus
hijas, conoce a Germán Daffunchio, cuñado de Timmy y, entre
zapada y zapada, se va gestando SUMO. Luca vuelve a Londres,
para vender su departamento, comprar equipos y regresar a
radicarse en Argentina adonde llega, acompañado de Stephanie
Nuttal, una baterista inglesa, que integrará a su banda.
Se instala en Hurlingham, y en febrero de 1982, SUMO hace su
debut en Buenos Aires. Unos días antes, Luca se rapa la melena
y se convierte definitivamente en el Pelado. Conquista al
público más under de nuestro rock nacional, por su
enorme carisma y su innovador talento musical. Su imagen
poderosa despierta adhesiones y rechazos absolutos. Muchos
cuentan que iba aprendiendo el castellano, con la letra de las
canciones y la ayuda de su público y que su magnetismo
personal era arrollador. El mito agrega que dejó la heroína en
estas tierras, al cambiarla por la ginebra...
Dicen que Luca había soñado con esa casa donde lo encontró la
Muerte, muchos años antes, en Londres, mientras estaba en
coma. En esa triste Navidad de 1987, apareció en las paredes
de los cien barrios porteños, un graffiti:
Luca not dead,
como testimonio del amor hacia el desaparecido ídolo del rock.
Y ahí empezó a gestarse el mito: muchos
decían que Luca no había muerto sino que, harto de la
incomprensión, se había ido a vivir lejos de la gran ciudad.
Para otros, esas palabras pintadas en los muros significaban
que su presencia y su obra seguirían vigentes más allá de la
vida y de la muerte. Algunos lo comparan con Carlos Gardel y
dicen que le cantó al Abasto como si fuera porteño. Relata su
amigo Timmy:
Le pasó lo mismo que a Gardel.
Dejó una marca muy grande en mucha gente y fue pasando de unos
a otros y a otros. Aquí en Traslasierra todavía se acercan
pibes muy jóvenes para que les cuente alguna anécdota, vienen
hasta acá en busca de no sé bien qué. Pero creo que les
alcanza con resolver el enigma de cómo llegar. Una vez que
conocieron el lugar es como que encontraron lo que querían.
Dicen también que Luca estaba esperando que le pagaran sus
derechos de autor, para internarse en una clínica en Entre
Ríos y curarse del alcoholismo y que tampoco pudo concretar
este deseo pues murió un día antes de cobrar en SADAIC.
Fue enterrado en el Cementerio de Avellaneda y su tumba se
convirtió pronto en un lugar de peregrinaje o santuario. Sus
seguidores, cientos de jóvenes, siguen depositando frente a la
piedra donde está esculpida su cabeza, botellas de ginebra,
flores y mensajes de adhesión o pedidos de ayuda.

Tumba de Luca Prodan
Foto: Gonzalo Moreno
Luca Prodan es el símbolo del artista que, desgarrado por sus
emociones, enciende el fuego de su arte sobre el altar de los
jóvenes, para expresar su rebeldía y sus anhelos. La llama de
su vida, de tanta intensidad, así como vivió, se apaga. Pero
el milagro de la música vuelve a encender su luz en nuestros
corazones, cada vez que la escuchamos.

Foto: Gonzalo Moreno
adios@fibertel.com.ar
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El
cementerio oculto
por
Máximo Ayora

En
el año 1879 llegaron a la Argentina, los primeros inmigrantes
judíos. Entre ellos se encontraba un grupo de polacos, rumanos y rusos
que se dedicaron al negocio de la prostitución con mujeres, en su
mayoría polacas, que traían engañadas de Europa. Este grupo, con la
promesa de casar a las muchachas con inmigrantes radicados en la
Argentina, convencían a sus familias para que autorizaran el viaje.
Llegaban en barco al Río de la Plata, en conjuntos de diez o doce.
Desde Buenos Aires las distribuían al resto del país. Una vez aquí
las remataban, y luego eran sometidas a ejercer la prostitución. Por
su ocupación impura tanto los proxenetas como sus pupilas, fueron
rechazados por las organizaciones judías Ashkenazim. A raíz de esta
situación, ellos decidieron tener sus instituciones propias:
cementerio, sinagoga, rabinos, sede social. Eran los Tmeiim,
en idish, impuros o Caften, rufianes. Los
Tmeiin adquirieron un terreno frente al Cementerio Municipal de
Barracas al Sud, hoy Avellaneda, donde hicieron su propio
cementerio.
Años
más tarde, los marroquíes le compraron a los Tmeiin una gran parte
de ese terreno y crearon el Cementerio Marroquí (ACILBA). Una de sus
esquinas, dónde están las sepulturas de los Tmeiin, está hoy
amurallada y quedó al cuidado de los marroquíes de Acilba que
impidieron al equipo de Adiós, visitar las tumbas del viejo
cementerio y tomar fotografías.
La
Sociedad Israelita de Socorros Mutuos "Varsovia" tramitó en 1906
la personería jurídica, luego consiguió la concesión de una parcela
de terreno y la autorización para hacer funcionar un cementerio,
mediante una serie de espinosas tratativas.
El
rabino de la colectividad judía en Argentina se opuso a que los
miembros de la Sociedad de cafishios entraran al templo pues los
demás miembros de la colectividad los consideraban indeseables y no
los admitían en su comunidad social.
Samuel Rosenzweig dirigía la organización delictiva y fue el inspirador de un
personaje de la novela
Los siete
locos
de
Roberto Arlt, publicada en la primavera de 1929. Ese mismo año, la
Sociedad Varsovia se dividió: los rufianes de nacionalidad rusa y
rumana se nuclearon bajo el nombre Asquenasum y los polacos
en la Zwi Migdal.
Estas organizaciones pudieron prosperar y obrar con casi total
impunidad durante largos años porque gozaron de la protección de las
autoridades y de los poderosos.
La
Sociedad Zwi Migdal, compuesta por cinco mil socios, controlaba dos
mil prostíbulos en los que trabajaban treinta mil mujeres. Los
ahorros los depositaban en un Banco de la Sociedad; las operaciones
y los depósitos que realizaban eran importantísimos.
Para
asegurar su continuidad, los rufianes por medio de coimas y otras
asociaciones proporcionaban grandes sumas de dinero a las
autoridades de turno. El dinero y el poder se entrelazaban en este
sucio negocio. Esto no impidió que la ex prostituta Raquel Liberman
los denunciara ante un comisario que, fiel a su función, dio
intervención a un juez incorrupto y lograron desbaratar la
organización.
Acilba no nos permitió visitar el cementerio de los tmeiim. Al negarnos
el acceso a las tumbas, perdimos algunos vestigios de estos
episodios que forman parte de nuestra historia. Por eso tuve que
recurrir a la literatura, y aquí les presento el material, semblanza
de esta época y del pensamiento de la cabeza de este grupo que
alcanzó tanta riqueza material.
Dicen que
Roberto Arlt se reunía con Samuel Rosenzweig en la Confitería Las
Violetas y que compuso el
personaje de Arturo Haffner, el rufián melancólico, basándose en sus
características. Este pasaje de su novela ilustra la idiosincrasia
de este judío que compró a los funcionarios de turno y organizó esa
sociedad con la fachada de una estructura legal, teniendo la
previsión de dejar ocultas las huellas del negocio ilegal. Los
personajes que dialogan en la cita abajo publicada son Remo Augusto
Erdosain, cobrador de una compañía azucarera y el ex profesor de
matemáticas Arturo Haffner, el rufián melancólico. convertido en
proxeneta. Este último ha puesto a varias de sus pupilas a disposición de la
sociedad secreta que concibe el Astrólogo para subvertir el orden y
crear un mundo distinto. Piensan financiar la aventura, con los
ingresos que les proporcionará una cadena de prostíbulos.
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Haffner no cree
en la revolución ni en nada, pero el aburrimiento lo ha llevado a
participar del proyecto.
Las opiniones del
Rufián Melancólico, del libro Los siete locos de Roberto Arlt:
[...] Caminaban junto a los bardales, y en el dulce atardecer las
palabras del macró abrían un paréntesis de extrañeza en Erdosain.
Comprendía que se encontraba junto a una vida sustancialmente distinta a
la suya. Entonces, le preguntó:
¿Y cómo se inició
usted en la "vida"?
En ese tiempo era
joven. Tenía veintitrés años y una cátedra de matemáticas. Porque yo soy
profesor añadió orgullosamente Haffner profesor de matemáticas. Con mi
cátedra iba viviendo, cuando en un prostíbulo de la calle Rincón encontré
una noche a una francesita que me gustó. Hace de esto diez años.
Precisamente en esos días había recibido una herencia de cinco mil pesos
de un pariente. Lucienne me agradó, y le ofrecí que viniera a vivir
conmigo. Tenía un cafishio, el Marsellés, un gigante brutal, a quien veía
de vez en cuando. No sé si por la labia, o porque era lindo, el caso es
que la mujer se enamoró, y una noche de tormenta, la saqué de la casa. Fue
eso una novela. Nos fuimos a las sierras de Córdoba, después a Mar del
Plata, y cuando los cinco mil pesos se terminaron, le dije: "Bueno, adiós
idilio. Se terminó." Entonces ella
me dijo: "No, mi querido, nosotros no nos separaremos más."
Ahora iban bajo las
bóvedas de verdura, ramas entrelazadas y ábsides de tallos.
Yo estaba celoso.
¿Sabe usted lo que es estar celoso de una mujer que se acuesta con todos?
¿Y sabe usted la emoción del primer almuerzo que paga ella con la plata
del mishé? ¿Se imagina la felicidad de comer con los tenedores cruzados,
mientras el mozo los mira a usted y a ella sabiendo quiénes son? ¿Y el
placer de salir a la calle con ella prendida de un brazo mientras los
tiras lo relojean? ¿Y ver que ella, que se acuesta con tantos hombres, lo
prefiere a usted, únicamente a usted? Eso es muy lindo, amigo, cuando se
hace la carrera. Y ella es la que se preocupa de que usted consiga otra
mujer para que la explote, ella es la que la trae a su casa diciendo:
"vamos a ser cuñadas", ella es la que varea a la primeriza para que
levante únicamente viajes para usted, y cuanto más tímido y vergonzoso es
usted, más goza ella en destruir sus escrúpulos, en hundirlo en su basura,
y de pronto... cuando menos se acuerda se encuentra enterrado hasta los
pelos en el barro... y entonces hay que bailar. Y mientras la mujer está
metida hay que aprovechar, porque un día le da una viaraza, enloquece por
otro, y con la misma inconsciencia con que lo siguió a usted se sacrifica
de nuevo. Me dirá usted: ¿para qué necesita una mujer un hombre? Más,
desde ya le diré: Ningún dueño de prostíbulo va a tratar con una mujer.
Con quien trata es con su "marlu".
El cafishio le da a
una mujer tranquilidad para ejercer su vida. Los tiras no la molestan. Si
cae presa, él la saca; si está enferma, él la lleva a un sanatorio y la
hace cuidar, y le evita líos y mil cosas fantásticas.
Vea, mujer que en el
ambiente trabaja por su cuenta termina siendo siempre víctima de un
asalto, una estafa o un atropello bárbaro. En cambio, mujer que tiene un
hombre trabaja tranquila, sosegada, nadie se mete con ella y todos la
respetan. Y ya que ella, por un motivo o por otro, eligió su vida, es
lógico que por su dinero pueda darse la felicidad que necesita.
Claro, para usted
todo esto es nuevo, pero ya se va a ir haciendo. Y si no, dígame: ¿cómo
explicar que haya fioca que tenga hasta siete mujeres? El tano Repollo
llegó en sus buenos tiempos a tener once mujeres. El gallego Julio, ocho.
No hay francés casi que no tenga tres mujeres. Y ellas se conocen, y no
sólo se conocen, si no que saben vivir juntas y rivalizan en quién le da
más, porque es un orgullo ser la preferida de un hombre que los sosiega a
los pesquisa más prepotentes de una sola mirada. Y pobrecitas, son tan
locas, que uno no sabe si compadecerlas o romperles la cabeza de un palo.
Erdosain se sentía
anonadado por el desprecio formidable que ese hombre revelaba hacia las
mujeres. Y recordaba que en otra oportunidad el Astrólogo le había dicho:
"El Rufián Melancólico es un tipo que al ver una mujer lo primero que
piensa es esto: Ésta, en la calle, rendiría diez o veinte pesos. Nada
más." |
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Y ahora sintió
Erdosain que el hombre le repugnaba. Para cambiar de conversación, dijo:
Dígame... ¿Usted
cree en el éxito de la empresa del Astrólogo?
No.
¿Y él sabe que
usted no cree?
Sí.
¿Y por qué usted
lo acompaña?
Yo lo acompaño
relativamente, y de aburrido que estoy. Ya que la vida no tiene ningún
sentido, es igual seguir cualquier corriente.
¿Para usted la
vida no tiene ningún sentido?
Absolutamente
ninguno. He organizado toda mi vida como la de un industrial. Todos los
días me acuesto a las doce y me levanto a las nueve de la mañana. Hago una
hora de ejercicio, me baño, leo los diarios, almuerzo, duermo una siesta,
a las seis tomo el vermut y voy a lo del peluquero, a las ocho ceno,
después salgo al café, y dentro de dos años, cuando tenga doscientos
mil pesos, me retiraré del oficio para vivir definitivamente de mis
rentas.
Y en realidad,
¿cuál va a ser su intervención en la sociedad del Astrólogo?
Si el Astrólogo
consigue dinero, guiarlo en la junta de mujeres y en la instalación del
prostíbulo.
Pero usted, en su
interior, ¿qué piensa del Astrólogo?
- Que es un
maniático que puede o no tener éxito.
Pero sus ideas...
Algunas son
embrolladas, otras claras, y francamente, no sé hasta donde quiere apuntar
ese hombre. Unas veces usted cree estar oyendo a un reaccionario, otras a
un rojo, y, a decir verdad, me parece que ni él mismo sabe lo que quiere.
[...]
Haffner se volvió
rápidamente, midió de una mirada a Erdosain como extrañado por los
términos de éste, y luego, sonriendo burlonamente, agregó:
Yo no estoy en
ninguna posición. Entiéndame bien. A mí no me perjudica ayudar al
Astrólogo. Lo demás, sus teorías, las tomo como a cuenta de conversación.
Él es para mí un amigo que piensa instalar un negocio, previsto y tolerado
por nuestras leyes. Eso es todo. Ahora, que el dinero que él gane con ese
negocio lo invierta en una sociedad secreta o en un convento de monjas,
personalmente no me interesa. Ya ve usted que mi actuación en la famosa
sociedad no puede ser más inocente.
¿Y a usted le
resulta lógico pensar que una sociedad revolucionaria se base en la
explotación del vicio de la mujer?
El Rufián frunció
los labios. Luego, mirando de reojo a Erdosain, se explicó:
Lo que usted dice
no tiene sentido. La sociedad actual se basa en la explotación del hombre,
de la mujer, y del niño. Vaya, si quiere tener consciencia de los que es
la explotación capitalista, vaya a las fundiciones de hierro de
Avellaneda, a los frigoríficos y a las fábricas de vidrio,
manufactura de fósforos y tabaco, reía desagradablemente al decir estas
cosas. Nosotros, los hombres del ambiente, tenemos una o dos mujeres;
ellos, los industriales, a una multitud de seres humanos. ¿Cómo hay que
llamarles a esos hombres? ¿Y quién es más desalmado, el dueño de un
prostíbulo o la sociedad de accionistas de una empresa? Y sin ir más
lejos, ¿no le exigían a usted que fuera honrado con un sueldo de cien
pesos y llevando
diez mil
en la cartera?
En
este fragmento, Roberto Arlt, transmite
maravillosamente el pensamiento de los personajes que se asemejan con
notable fidelidad, no sólo a los cafishios que yacen con toda su
historia en el cementerio oculto de Avellaneda, sino también a
algunos funcionarios y ciudadanos de nuestra más reciente historia que
hicieron de la corrupción su fuente de vida. Los que prefieren obviar las
acciones públicas más oscuras o esconder aquellos lugares que clarifican
lo ocurrido en el pasado, actúan como escollos ante ese sueño de muchos
argentinos, el de los que quieren construir un país luminoso.
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No sé ni el
día ni la hora
por David
Díaz Rodríguez*
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Día a día una gran cantidad de seres humanos se enfrentan a lo
inevitable, la hora de morir. Hay seres que anticipan concientemente
el ocaso de la vida, y no se si llamarlos afortunados, en comparación
con los que mueren sin saberlo en un accidente repentino, o cualquier
otra circunstancia. Lo cierto es que llegamos al final del ciclo
existencial en diferentes estados emocionales, psíquicos, espirituales
y existenciales; muchas veces con un estremecedor desbalance entre
satisfacciones e insatisfacciones. |
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Para millones de personas el anuncio o presentimiento de la cercanía
del acontecimiento de morir -la hora de la verdad- es una sorpresa;
para otros es como un episodio de la comedia americana Seinfeld, en la
que el personaje que representa el cartero, Newman, comete un delito,
y cuando la policía llega a su casa para atraparlo, dice - ¿What took
you so long? (¿Por qué tardaron tanto?).
Visiones de la muerte hay muchas. Dentro
de la cultura cristiana, la vida en la tierra es una y se extiende
hacia la relativa eternidad del castigo representado por el infierno,
o la gloria representada por el cielo. En la interpretación de muchas
creencias orientales, hoy popularizadas en occidente, la vida es una
sucesión de reencarnaciones; el alma utiliza el cuerpo para realizar
un aprendizaje o misión, y si necesita volver para realizar algo que
quedó inconcluso, regresa. Aunque aparentemente estas dos visiones no
tienen puntos de coincidencia, me parece que sí existe algo en común:
sea que regresemos en re-encarnaciones o no, esta vida,
la presente, es una, y en consecuencia hay que
aprovecharla al máximo.
Me he preguntado muchas veces: ¿Cuando me llegue la muerte, seré
sorprendido? Y quizás por mi naturaleza perfeccionista, característica
de todo Virgo, me gustaría controlar el proceso, que ella sea a mi
modo; quizás anticiparla -para prepararme-, con más exactitud y
precisión que la narrada por el padre del gnosticismo contemporáneo,
Aum Weor, en uno de sus controversiales libros. Dice la leyenda que un
iluminado anunció su muerte, precisó el día y el punto cardinal del
planeta donde la recibiría. Muchos fueron a presenciar el
acontecimiento; pero la muerte no ocurrió. Hubo entonces una segunda y
tercera predicciones, ambas en vano. A la cuarta, la multitud ya
incrédula, no concurrió; y fue entonces cuando la predicción fue
certera.
Cuando llegue mi partida, no la anunciaré, por razones obvias, tal vez
por falta de visión interna, o de una intuición que me señale con
exactitud el día y la hora. Sin embargo, pienso con frecuencia que
morir es algo inevitable, y en consecuencia no me gustaría esperar la
proximidad del último aliento para expresar las cosas que lamento, y
quizás las que me llenaron de las más grandes satisfacciones.
Quizás mi testimonio más trascendente ,y esto no sé si tendrá algún
valor para el lector, es decir que en el universo de mis limitaciones
he aprendido a encontrar felicidad en cosas insignificantes; a cantar,
a vislumbrar consuelo en mi tristeza y a reír. Creo que moriré en la
abundancia de la espontaneidad que me ha caracterizado desde siempre,
pero con la insatisfacción de que hubiese querido ser un ser lleno de
virtudes, para cambiar el destino de mi entorno, incluyendo el
sufrimiento de quienes vi sufrir sin poder evitarlo.
Si hoy fuera mi último día para disfrutar el privilegio de la vida,
tal vez sería un tonto, y en vez de pensar en todo lo bueno que viví,
lamentaría...
No haber tenido mis sentidos más entrenados para apreciar con mayor
intensidad la grandeza de la naturaleza, quizás debí respirar el aire
con más tranquilidad, observar el cielo más detenidamente y caminar
más por la playa en las noches oscuras.
No haber sido uno de esos espíritus libres que van de país en país,
conociendo gentes y culturas; y llegan al final del camino con una
amplia visión del planeta y la humanidad en que vivieron.
No llegar a ver el mundo que soñé: Nací en la guerra y muero en un
mundo plagado de conflictos entre naciones.
Ver que aun en nuestro mundo, enfermos y hambrientos padecen sin
recibir ayuda.
No llegar a ver un avance real ni trascendente en la política y en el
sistema educativo de Latinoamérica. Haber sido testigo, junto a los
millones que observamos el acontecer de nuestro continente, de
tanta vanidad, falsedad e inmoralidad en nuestros dirigentes.
Que los amigos que recogí en el caminar de la vida no fueron tan
solidarios como yo lo fui con ellos; creo que respeté la diversidad de
sus ideales, más de lo que ellos respetaron los míos. Mas no guardo
rencores, ni mucho menos partiré al otro lado del puente con la
sensación de tener cuentas pendientes.
No me arrepiento de los caminos que recorrí en la búsqueda de la
verdad, ni de las decisiones que tomé, en la vida uno siempre actúa a
la altura de la cultura y conocimientos adquiridos. No puedo juzgar ni
condenar mi pasado basado en lo que hoy sé. En mi conciencia tengo,
sin embargo, la satisfacción de que nunca he ocasionado mal a
nadie, intencionalmente. No obstante, si esto hubiese sucedido,
tendría el valor de perdonarme y enfrentar el reclamo de mi propia
conciencia.
Lamento saber que la exigencia con la que me traté a mi mismo no fue
suficiente, o mejor dicho, necesaria, para convertirme en lo
que soy, y aprender lo que aprendí: La vida me enseñó que ser uno
más es el mejor de los privilegios y que no es vergonzoso tener el
mismo status de nuestros semejantes. No me interesa ese orgullo que
atormenta a muchos seres inteligentes, el de ser más y más, sin
importar los medios ni las consecuencias.
Lamento no haber tenido el valor de decir te quiero a la gente que sé
que me quisieron, y tal vez nunca sabrán lo mucho que las amé.
...Pero aun estoy vivo, pienso, y como no
sé ni el día ni la hora
de mi partida, es tiempo de dejar las lamentaciones a un lado y
trabajar en la realización de lo pendiente, en este andar por
la vida: Despierta David, Despierta!
*David
Díaz Rodríguez es el Director Ejecutivo de Revista Digital y el
Fundador de la Sociedad Internacional de Valores Humanos y Libre
Pensamiento. En Nueva York, fue director del programa de televisión:
Lo Interesante. Obras de su autoría publicadas: Camino, El libro
de los Aforismos y Psicología Iniciática.
Experiencia profesional:
AT&T, Administrador de Operaciones, Andersen Consulting,
Analista de Finanzas,
PricewaterhouseCoopers, Team Leader.
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El Corazón al sur
Entrevista a Eladia Blázquez*
Texto: Mercedes Falcón |
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Hablar con
Eladia es escuchar la voz entrañable de Buenos Aires, con melodías de
tango y ese tono irónico pero repleto de ternura que caracteriza a nuestra
canción ciudadana. Pero no hay nostalgia en ella, a la manera de nuestros
tangueros varones, sino recuerdos vivos, llenos de gentes, perfumes y
sabores... Y digo que no hay nostalgia pues esas memorias no son una
excusa para instalarse en el pasado, añorándolo como algo irrecuperable
que no volverá, sino que la motivan para imaginar un futuro mejor, desde
este presente que tanto nos duele a los argentinos. Le pedimos que nos
hablara de su ciudad: Avellaneda, ese lugar donde nació y donde floreció
su vocación musical como pianista, guitarrista y
cantante, primero y luego como autora y compositora. Escuchemos su voz...
Cuando estoy lejos
y pienso en Avellaneda, la primera imagen que me aparece es la casa
paterna, por supuesto. Nací y viví la mayor parte de mi vida en ese
barrio, y son muchos los recuerdos que me vinculan a él, a tal punto que
mi tema El corazón al sur, no es más que un relato de mi propia
vida, en donde no están ausentes ni los viejos, ni las cosas queridas.
Necesité la perspectiva del tiempo y la distancia, para poder escribirla,
por eso siempre será mi canción más sentida.
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Los
instrumentos musicales, primero fueron de juguete, y luego fue
una guitarra y un piano en serio, que convertí en profesión con
la ayuda de mis padres. El primer lugar donde canté, fue en la
casa del médico del barrio, que tenía una propiedad
importante de dos plantas (al lado de la nuestra que era
modesta). Una noche, un tío bohemio y guitarrero, amigo del
Dr. Reybaltar -que de él se trataba- me sacó de la cama (yo
tenía seis años), para llevarme a cantar un par de tangos de
Gardel. Papá dijo, déja a la niña que no va a ser artista...
Y se dio al revés. Tal vez fue más bueno que visionario. Mis
ancestros españoles, marcaron después el camino de ese género
que cultivé durante bastante tiempo. | |
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Los olores que se mezclan en mi recuerdo, son
diversos. ¡Algunos lindos y otros no tanto! Entre los no tanto,
podría estar el olor del riachuelo que había que pasar
indefectiblemente, para ir al centro y que era un gran presagiante
de lluvia... En cambio, el olor a jazmín del jardín de mi madre es
imborrable. Tanto como ese olor
que se desprendía de la olla de mi abuela, cuando por tradición y en
cada Navidad, hacía el potaje de bacalao para toda la familia
(Granadina, mi abuela). La diferencia era que aquí era verano, y esa
comida estaba pensada para el invierno de Europa. Fuimos una familia
unida y respetuosa de muchas tradiciones. Tal vez, más que objetos o
formas eso es lo que más recuerdo, los valores morales
que los mayores nos inculcaron.
Siempre
dije que la gente de Avellaneda es buena y lo sostengo; aunque los
tiempos hayan cambiado bastante. Los barrios, comúnmente, son
abiertos a la solidaridad porque la convivencia es más estrecha, el
vecino siempre está cerca y por lo menos, en
mi adolescencia, se vivía muy de puertas abiertas. Cuando le
sucedía algo a cualquiera, el enjambre se ponía en movimiento para
ver de qué manera se podía ayudar al otro. Hoy también, la
solidaridad en medio de tanta crisis y malaria, está muy presente en
los lugares en donde más se necesita. Y curiosamente, la ayuda, casi
siempre viene de los sectores más humildes. |
Viendo a
Avellaneda desde hoy, me duele comprobar cómo la empobrecieron... ¡Igual
que al país! Yo recuerdo una Avellaneda pujante, llena de fábricas, con
sus frigoríficos, sus lanas, sus cueros, la plena ocupación de la gente,
la dignidad del trabajo (Pellegrini dijo: Sin industrias, no hay
Nación...) ¡Y no la hay! Pero como siempre me negaré a ser pesimista,
todavía sueño con un despertar de la nacionalidad y volver a ver las
fábricas humeantes.
Lo que perdió
Avellaneda- en todo caso- es lo que perdió el país y que debemos saber
recuperar. Pero lo que siempre conservará el pueblo, es su buen corazón y
ese lugar especial para los afectos.
Cuando perdí
a mi última tía, que había vivido siempre en ese barrio, y en esa su
casa, no olvidaré nunca a la gente apiñada a lo largo de la cuadra,
para despedirla. Eran racimos humanos, demostrando con su silencio
respetuoso y sus lágrimas, que no se pasa tan fugazmente por la vida,
cuando se dejan huellas de cariño y buenos recuerdos... La vida puede ser
fugaz y a veces breve, pero lo que sembramos, siempre dejará una semilla
en los otros... Lo importante es lograr que ese paso sí, si se puede, sea
inolvidable.
Mi declaración de amor por
Avellaneda, quedó patentizada en un tango. Lo demás, lo que tiene que ver
con la gente, eso va dentro de mí... Y forma parte de un merecido y
venerable reposo en el siempre transitado cementerio de Avellaneda, donde
está la mayor cantidad de mis seres queridos.
Hay una sola
cosa que quisiera agregar, Si la vida finalmente, no es más que una
sucesión de hechos, que nos llevará ineludiblemente a ese lugar, en donde
todos somos iguales, ¿Por qué... no tratar de que este mundo sea más
igual, más parejo, más justo? ¿Por qué no contribuir a que la vida de
nuestros semejantes sea digna, para que también la muerte lo sea?
Me preocupan
los jóvenes que son el mañana...
A los que
tienen la responsabilidad de conducir en cualquier campo que sea,, les
pido una mirada atenta. En estos últimos años vi perderse muchas criaturas
por la droga... Ahí en esa querida Avellaneda, chicos que yo quise y
conocí... Si no cuidamos esto, no habrá futuro y yo deseo el mejor futuro
para Avellaneda y para mi país.
* Eladia Blázquez es autora y compositora
de temas inolvidables como: A Cátulo Castillo, A un semejante, Honrar la
vida, Mi ciudad y mi gente, Argentina primer mundo, Con las alas del alma,
Sueños de barrilete, Somos como somos, etc. y de la letra del Adiós Nonino
de Astor Piazzolla.
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